Cuando el Niño Monguer sale a comprar tabaco, las palomas de la plaza del pueblo se van a la librería “I Book on Mondays” a comprarse el Quijote. Forman una cola enorme y el dependiente adolescente con granos en las mejillas y cara de culo de oso muerto se hace un lío al cambiar por euros el maíz y los trozos de pan recolectados por las aves.
El Niño Monguer no fuma, dice que el tabaco es malo para los niños, por eso cuando él compra tabaco le pega en el culete de filtro a los cigarrillos Malrollo por haberse portado mal, los pone de cara a la pared, y justo en ese momento las palomas le llevan los libros de Don Quijote de Thortámon, que come huevo con mucho jámon, y se los endiña en sus manitas de rizado tabaco a los cigarrillos mancos. -¡Es el castigo que os merecéis!- espeta de sardinas el Niño Monguer. Los cigarros, al no poder soportar el peso de tal magna obra, se parten por la mitad, es decir, en 7 cachos, y son utilizados por el Niño Monguer para hacer el sofrito de la paella, que no que es pa él, que no que es pa ella, ñoco!.



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