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Quién dijo qué. Capítulo Viejuno.

Era tarde. Una vez más.

Carlitos tenía una entrevista de trabajo y se había quedado dormido como un lirón. Que ahora que lo pensaba, en su vida habia visto uno, ni despierto ni durmiendo. Durmiendo el lirón, se entiende. Y es que es normal, con los nervios te tiras toda la noche dando vueltas como un pollo en un asador y cuando va a amanecer coges el sueño y luego no te despierta ni el tato.

El tato era el vecino de arriba, un jevi franquista y amante de los toros que le alegraba las mañanas a ritmo de Extremoduro, Soziedad Alkoholika, La Polla Records y Falete, que suponemos que viene de falo ridículo. El tato era todo un ejemplo de incongruencia, la incongruencia misma con patas y flequillo engominado. Falete es todo un ejemplo a no seguir. Aunque claro, eso va en gustos. Continuar leyendo ‘Quién dijo qué. Capítulo Viejuno.’

Cuento indeleble: Suelo caca

-¿Que pasaría si ahora dejo de respirar? A ver, cojo aire aaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhh. Finflo flos flofletes. Afuanto la fresifirafión. Jkuuuuu kuuuuuuuju cof coof cof cof.-

Pedro Gadicto empezó a toser como un condenado, pues toser sin denado todavía no sabía hacerlo. Quería quitarse la vida, lo poco que le quedaba, ya que era un toxicómano perroflauta con más suciedad que el rabo de un oso. Llevaba así tres horas, tirado en la calle. Antes su vida no era así, moraba en una gran morada de color junto a un perro cantaor, y junto a su criada, una pornochacha de 93 años.

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Epílogo de limón. Una aproximación al ladrón

Aproximaciones previas:

-Epílogo: dícese del dibujo identificativo de una marca con forma de muñeco televisivo de programas infantiles.

-Limón: lima grande. Fruto por cuyo consumo los asiáticos quedaron con los ojos rasgados. Si un limón que le pega a un hindú que se llame “Ruo” y no “Apu” como todos estabáis pensando. ¿Es limón casca a ruo?.

-Como es de bien nacido ser agradecido, agradezco a mis neuronas tanta actividad cerebral o no. También he de agradecer la cesión de la mayor parte de este texto (el 95%, el 5% restante es de goma) a sus Satánicas Majestades (Sata_Nick) para ser reproducido como anejo a esta historia ladronesca.

-Evidentemente este texto, querido lector de hojalata, está ligado al “Cuento Indeleble: El ladrón de basuras”. Así que si no te lo has leído antes, tiempo has tenido.
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Cuento indeleble: El ladrón de basuras

Erase una vez que se era-se una era que se vez, un bello día en Torrepepinos, esa ciudad gobernada por una zanahoria calva, y en la que todo es bonito y reluciente. Las mariposas revolotean por la plaza de la Nogalera: mariposas en forma de insecto por las mañanas, y mariposas en forma de gayers por las madrugadas. La gente caminaba hacia atrás haciendo el pino-puente, y los animales de compañía leían el periódico Le Mascotier en el que daban de promoción un hueso de regalo (por eso los perros argentinos se meaban en el hueso nada más tenerlo, pues le decían ¡¡regálo, regálo!!).

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Cuento indeleble: El hombre y la tierra.

- ¡Y entonces me saqué la minga y le dije: “Como esta no será ¿no?”! – y a continuación se carcajeó de forma muda.

Observarle reir provocaba una sensación como la de meditar sobre higiene contemplando la parte trasera de una nevera oxidada. El pelo, de haberlo tenido, sería grasiento sin duda, y la piel le supuraba un denso sudor de penetrante olor. La ropa habría quedado de fábula en el armario del señor Barragán, de no ser por el hedor y el visible acartonamiento del tejido en las zonas de las articulaciones.

Reflexionando estaba sobre todas estas cualidades estéticas del camarero cuando se dio cuenta que no llevaba pantalones, sino una falda de los siete velos menos el dieciseis.

Y os preguntareis: ¿Por ciento?

Pues la respuesta es no sabe/no contesta, pero si no os gusta, os diré que sí.
Pero ¡Ay! (me he pinchado) que entraba en ese momento un herizo parlanchín, que llevaba h porque leyó en un blog de por ahí (o de por aquí) que era una letra huérfana, que iba diciendo:

- ¡Pibe, te podés ahorrar una pasta!

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¿Qué pasaría si…?

Bienvenidos al inquietante mundo del futuro asurrealado, donde los huevos cuelgan por los lados.  Empezamos hoy viernes con una serie de cuestiones sin rima pero con mucha trascendencia, tanto que tuvieron hijos, nietos y demás familia morgan.

¿Qué pasaría si el conserje de tu portal barriera las escaleras con un collar de melones? Probablemente comerías escobas de postre en el verano, o tapitas de escobas con jamón.

¿Qué pasaría si tu coche andara al mearle en el despósito en vez de echarle gasoil? Que se acabaría con el pestazo de las calles meadas y las borracheras serían más agradables al volante.

 ¿Qué pasaría si a tu perro le gustara sentarse a la mesa contigo y comer con cuchillo y tenedor? Que probablemente tú te llamarías Peter Griffin hahahahahahahahaahahahahahahaha.

¿Qué pasaría si la gente tuviera los dedos como morcillas? Que los pianistas se morirían de hambre.

¿Qué pasaría si las flores olieran como peos y los peos olieran como flores? Que los fabricantes de ambientadores elegirian olores como: peo matutino o diarrea en el bosque

¿Qué pasaría si los móviles fueran de goma y los patos de goma fueran patos de móvil? Se aceptan respuestas…

Mundo oculto: Hoy, el caso de la octavilla maliciosa

Hola, amigos de lo desconocido, desconocedores de las verdades ocultas, ocultadores de las amistades, amigos de lo desco… bueno basta, que entro en bucle.

Cual no fue mi sorpresa, amigos de lo oculto y freaks de lo innombrable, cual no fue mi sorpresa repito para llenar espacio y crear espectación (que no espectoración, que eso es tos) cuando hoy llego a mi coche y me encuentro en el limpia el siguiente documento escalofriante sin duda que seguro dará mucho que hablar (o no).

Hemos ocultado el teléfono por aquello de la guasa coñona de llamar a las 5:00 a.m. en plan “Catalina, arr�mame la mojina” y similares.

El documento. Ahora lo tengo a remojo en agua bendita, por lo que pueda pasar.

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Necroilógica: Fernando Fernán Gómez

Pues sí, ha muerto Fernando Fernán Gómez.

Ese hombre que ostentó el título de “Mejor frase borde” con su “Váyase a la mierda” hasta que recientemente el rey se lo arrebatara con su “¿Por qué no te callas?”.

Yo creo que fue del disgusto, fíjate tu.

Y tu también, si, si, el HOYGAN de Guateltapolpec, fíjate tu tambíen que veo que estás despistado.

Fernando Fernán Gómez ya no está entre nosotros. ¿Qué más podemos decir?

¡Con esta página me parto el ojete! ¡Grrrññang! ¡Ay Omá!

Fernando, visitando nuestra web mientras alguien
con una camisa hortera le da una colleja.

No, en serio, compañeros ¿qué más podemos decir? A mi no se me ocurre nada más XD

Cuento indeleble: Hache no hay más que una

Tengo una hache. ¿O debería más bien decir soy una hache? Es una hache de cartón, de esas finitas que cuando la ves por delante y por detrás dices: ¡coño, una hache!. Es una letra plegable, pues a pesar de sus grandes dimensiones, te la puedes llevar de bolsillo. Incluso la puedes convertir en otras letras, como la I mayúscula o la T mayúscula. Es, digamos, mayúscula y minúscula en su misma esencia, por lo que la podemos usar en la palabra habichuela, que aunque no es esdrújula habla por la a de atrás.

También, como su propia forma indica, es una hache intercalada, de esas que siempre están en medio de todo el mundo, que están ahí pero que no dicen nada. Es más, si te la pones a tu izquierda se que da callada, como muda. Y claro, eso le jode, pues la tía quiere decir cosas pero no sabe expresarse con el volumen suficiente, por eso nadie la escucha. Continuar leyendo ‘Cuento indeleble: Hache no hay más que una’

Viernes de visión, viernes de risión 2ª entrega.

Como lo prometido es inconcluso, ahí os mando otra recopilación de microvideos para vuestro goce visual.

Centrofugado

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Cuento indeleble: El último deseo (llamado tranvía)

Llevaba ya más de varios millares de grupos de cuatro palitos cruzados por un quinto palito encerrado en aquella habitación. Justo esa misma cantidad de palitos hacía que Marilyn Moroe, con la pompa en pompa y las manos grácilmente apolladas (sí, con ‘elle’, ¿pasa algo?) en sus sonrosadas (que no joder, que son color cannnne) rodillas, le miraba sin descanso. No paraba de mirar a Petonio. Le observaba desde la salida a la puesta del palito. Era una mirada fija, penetrante (es decir, que entraba por el pene), y sobre todo plana. Lo miraba cuando dormía, lo miraba cuando cagaba, lo miraba cuando pensaba, lo miraba cuando comía. Era tal la fijación, que Petonio llegó a pensar que aquel poster de Marilyn cobraba vida. Tal obsesión, unida al largo tiempo sin tomar dos cafés solos, le obligó a sacarse el único dedo que tenía con pelo alrededor y ultrajar a aquel poster amarilleado por el paso de ceras de colores Carioca sobre su superficie.

La visión que alguien hubiese tenido si hubiera visto aquella sucia habitación desde una mirilla colocada en el centro del techo, hubiera sido muy diferente de haberlo hecho por la mirilla de la puerta. Petonio yacía en el suelo sobre un pedazo del poster arrugado con una mano en el cucón y con el dedo gordo de la otra en la boca, mientras diminutos trozos de papel de poster revoloteaban por la habitación. Continuar leyendo ‘Cuento indeleble: El último deseo (llamado tranvía)’

Cuento indeleble: El hombre que se caía hacia arriba

Era este un hombre curioso.

Tenía dos piernas, dos manos, dos brazos, vamos, como todo el mundo, dos ojos, una nariz, dos cerebros, una hipoteca, en fin, lo normal.

Este hombre vivía… bueno, malvivía.

Bueno, realmente tenía un duplex en la Costa Bravida, que se le ponía chula a la más mínima, pero como era pobrísimo, o más que pobrísimo, era Paupérrimo, porque saca a pasear la mascota de Pau, por lo cual recibía un pago en croquetas Friskis, que son la comida del gato al que le gusta Star Trek. Continuar leyendo ‘Cuento indeleble: El hombre que se caía hacia arriba’

Cuento indeleble: Roscos in the rubbish dump

[Nota: Este cuento indeleble posiblemente no os haga ni puta gracia, pero creo que deberíais leerlo, no sé, igual os sentais al inodoro con más consideración a partir de hoy.]

Llevaba días allí.

Quizás meses.

Desde la cima de aquella montaña de basura, podía ver el vertedero a sus pies.

Bueno, no tenía pies, tenía cuatro chirimbolos de plástico justo debajo.

Era un rosco de váter, y estaba tremendamente orgulloso de serlo. Había sido testigo de lo mejor y de lo peor que es capaz la naturaleza humana. Su carácter maleable y cálido (no en vano era un rosco de plástico) le había hecho ser apreciado inconscientemente por todo aquel que posaba sus posaderas (lo raro sería que en el rosco del váter se posen, yo que sé, los hombros, aunque también se dió la situación una noche de borrachera) sobre él. Continuar leyendo ‘Cuento indeleble: Roscos in the rubbish dump’

Cuento indeleble: ¿Futuro?.

Cogió el periódico con las manos de coger periódicos, y miró la fecha: “34 de bunfrus del año de colonización 2074 (por la tarde)”.

Suspiró.

Miró por la ventana y pensó en como pasaba el tiempo. El tiempo era un sinvergüenza. Con todas esas anomalías temporales dando vueltas a su alrededor, modificándolo a su gusto y capricho, además, el tiempo bebía e iba siempre ciego, claro, como para el tiempo el tiempo no existe, o si porque es el mismo, le daba igual y el tio vivía carpe diem.

Saludó con la mano de saludar (que, curiosamente, era una de las dos manos de coger el periódico también) al tiempo, que paseaba por la calle, cuando este hizo lo propio con sus tentáculos de probabilidad. No era mal tipo el tiempo.

Pero tenía una pachorra que para qué… Continuar leyendo ‘Cuento indeleble: ¿Futuro?.’

Cuento Indeleble: El caldo es de pollo

Reunidos en torno a la mesa estaban Fabián, su amigo del alma, Doroteo, su compañero de piso y el mismo, Fransmineo. También estaban Aeki Utatnom, la nórdica que vivía en su misma planta, María de las Mercedes Benz, una amiga de la infancia y Natalia Confresarias, la chica más dulce que habían conocido.

Fransmineo, haciendo flashback sobre si mismo, recordó como había empezado todo. Aquella tarde se le había echado el tiempo encima, pero incluso con el peso del tiempo sobre su espalda, pudo bajar al Mercadonia y comprar algo para cenar. Como su prespuesto era limitado en lo que es el concepto de dinero llegando incluso (conjunción copulativa) al nivel de “Registra mi casa y si encuentras algo me das la mitad”, sólo tenía para comprar bricks de Caldo de Pollo y pan duro del día que lo hicieron. Continuar leyendo ‘Cuento Indeleble: El caldo es de pollo’

Viernes de visión, viernes de risión

En estas entradas, queridos lectores, vamos a ofreceros microvideos surrealistas parteojetes realizados por los enfermos que formamos www.sinotegustanololeas.com

¡ Que disfrutéis !

(O no)

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Cuento indeleble: La historia infantil de Monito Saltarín y las moscas cantarinas

Monito Saltarín.

 

¡Que monito!

 

¡Que bonito!

 

Monito Saltarín saltaba todo el día.

 

“POING POING”

 

Saltaba Monito Saltarín. Continuar leyendo ‘Cuento indeleble: La historia infantil de Monito Saltarín y las moscas cantarinas’

Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo Se7en

[Modo David Fincher: On]

La habitación estaba sumida en una sucia penumbra. El olor del dogo disfrazado de dálmata sumiso lo impregnaba todo. En las paredes el papel pintado, de fondo color ocre y con adornos que una vez fueron flores color marrón y que ahora parecían las fantasmagóricas caras de los desdichados residentes de aquel inmueble, caía por su peso y por la incapacidad de la cola para mantenerlo pegado al muro, eso donde no estaba simplemente arrancado. Las sábanas estaban cubiertas de mugre y polvo. La tenue luz que entraba por entre las tupidas cortinas iluminaba millones de ácaros y motas de suciedad que se mantenían suspendidas en el aire, formando nubes de podredumbre que se movían danzando de forma malsana.

Paco Martínez Huesca estaba inmóvil, mirando fijamente a Gómez, acariciando levemente al perro. Gómez trataba de no prestar atención al olor a orina y humedad que intentaba abrirse paso desde sus fosas nasales hasta su estómago. Mirando a Paco, exclamó:

[Modo David Fincher: Off] Continuar leyendo ‘Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo Se7en’

Thortamon, tierra ignota: Capítulo palito uve (pero sin lagartos).

Peligo llegó a la linde de un rio, y mirando su reflejo en las cristalinas aguas, pensó: “Que feo eres, hijoputa”. Justo despues, cayó dormido, exausto por la caminata.

Mientras tanto, en el castillo de Brifidón, el malvado tirano (si alguien conoce algún tirano bondadoso que me lo cuente) se preparaba para dar una orden. Una orden que sus sirvientes temían. Una orden que significaba que estaban o iban a estar de mierda hasta el cuello.

- ¡Sirvientes! ¡Ya he terminado de cagar!

Goblins y otras alimañas de piel o pelaje suave corrieron a esconderse en oscuros recovecos rezando porque no se le acabara el papel como aquella vez.

Todas aquellas criaturas respiraron tranquilas cuando vieron como el limpiaortos real llegó empujando un carrillo de mano en el que portaba un gran rollo de suave papel de seda, seguido de una procesión de vírgenes cándidas e incólumes, pero que cuando terminaran de hacer lo que habían venido a hacer, seguirían siendo vírgenes pero lo otro… habría que verlo. Continuar leyendo ‘Thortamon, tierra ignota: Capítulo palito uve (pero sin lagartos).’

Mensaje timofónico. Capítulo patito (de goma)

Prísfudes se levantó. El pollo de goma ya no respiraba. Estaba inerte. Fue levantarse y entrarle unas ganas de cagar impresionantes. La barriga de Prísfudes era el Volcán Vesubio a punto de echar gusanitos y sugus de colores. Quizás hace 20 siglos los niños de la Antigua Roma los hubieran preferido antes que una inmensa cantidad de magma y cenizas. Lástima que el interruptor situado a la ladera del Vesubio estuviera conectado en Lava y no en Gusanitos y Sugus (gusanitae gusanitorum et sugum en latín).

El selector del Vesubio

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Los Desencuentros de Beremundo e Igor (1)

Los Desencuentros de Beremundo e Igor (1)

Dedicado a todos los sectarios.

Mensaje timofónico. Capítulo soldadito (con estañito)

“Vodafone información pa putitas. El número mamado no existe. Por favor, vuelva a intentarlo nuevamente.” Aquella voz electrónica retumbaba en el tímpano de Prísfudes una y otra vez, quizá fuera porque no apartaba la oreja del auricular de su terminal timofónico, o porque en la otra oreja tenia adosada la boca de una mujer que le repetía exactamente la misma frase, con lo cual escuchaba en estéreo, es decir, en aquel preso.

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Cuento indeleble: Viciosos gomosos

(Basado en una idea de Mapashito aunque ni el sabe que la ha tenido)

Flotar.

A eso se reducía su existencia.

A flotar.

Flotar era su razón de ser, le habían fabricado para eso, era toda su meta, su única finalidad.

Bueno, también estaba lo de soltar pedos silvantes por su culo. Su existencia era una existencia vacía, como su interior, vacío. Bueno, lleno de aire e ilusiones de pequeños infantes, y ocasionalmente se llenaba también de agua. A el le jodía que le llenaran de agua, porque entonces no le funcionaba bien el pito. En vez de un alegre silbido, salía una especie de pedorreta que no hacía justicia a su naturaleza noble. Pero no podía protestar por dos razones:

1.- Era de goma, y los seres de goma no hablan.

2.- Era un pato, y los patos no hablan.

El pato, inquietante realidad.

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Cuento indeleble: Metamorfosis vídrica

Aquel zapato sucio y pestilente, lleno de goterones, grasa y otras manchas sin clasificar fue lo primero que vi tras recibir un impacto de vidrio en mi único cuello, el cual me dejó tatuada la palabra Duralex en el cogote. Esos dos cabrones con suela, tacón y cordones se habían enganchado a mis pies cual oso amoroso abraza a otro oso amoroso. El vaso estalló en mil pedazos, bueno yo diría en 997 exactamente, aunque el camarero había apostado en Bwin a que estallaría justo en 1 trozo, y al final ganó la apuesta. Un perroflauta con dientes en los ojos y ojos en los dientes, al que sólo mi tercer ojete vio, había osado a asar un oso y tirarme luego el recipiente donde bebía agua de fregar aquella estúpida noche.

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Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo Zai

Gómez tenía los pies apoyados en los talones, que reposaban encima de la mesa. El resto de su cuerpo pendía de los talones y aguantaba parte de su peso en sus posaderas, que no eran de esas posaderas que van con corpiños ajustados y una jarra de cerveza en una bandeja, sino las posaderas que son el culo, que por cierto se encontraban encima de un sillón de eskay colorado monísimo. En la mesa del despacho donde apoyaba los talones, se agolpaban expedientes criminales sin leer, fotocopias de otros expedientes, también sin leer, expedientes del forense que aún no había leído, varios expedientes antiguos que ni siquiera habían sido recorridos fugazmente por sus pupilas y un releído (o al menos revisto) y acartonado expediente que se llamaba “Hotel Culitos calientes”, referente a una redada en un club de alterne de la ciudad.

Obviamente, ese expediente incluía fotos. Continuar leyendo ‘Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo Zai’

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Tae, tae…

¡Como vengai a liala, que zepai, que aqui zomo to reventao de la cabeza! ¡Aqui metemo guantaso de cuatro en cuatro! ¡A cabesaso!

Por poner en antecedentes…

¿Que tienen que ver un zombie y John McKlain? De entrada, nada. Pero podría ser que los propietarios de sus avatares fueran amigos de la infancia (bueno, quien dice tierna infancia, dice empalmada adolescencia), y que aunque son terriblemente diferentes entre sí en algunos gustos musicales, culturales y de pensamiento (aunque estén todo el dia pensando en tetas), sin embargo comparten este espacio de frikismo para postear aquellas cosas que les salga del nabo, bien sea de la plazoleta o de los terrenos circundantes. Seguro que entre los dos tenemos muchos puntos de vista diversos en muchos temas (¿Pilar Rubio o Kira Miró? ¿Tetada o culamen?), así que podeis encontrar posts que se contradigan entre sí. Ahora, eso si, siempre respetamos la opinión del otro aunque nos parezca una mierda y una tontería mayúscula digna de risión. ¡Ah, la risión!

Que quede claro.

Ninguno de los autores se hace responsable de lo que escriban los otros enfermos y a su vez estos no se hacen responsables de los comentarios que pueda escribir algún tercero, siendo incluso posible que este tercero a su vez, que igual es alguno de los primeros en calidad de tercero sin pasar por el segundo, no sea responsable en si mismo de lo que el mismo haya escrito en un arrebato de estupidez o genialidad, segun el cristal con que se mire y el dia que tenga. O no.

Candelabro

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