“Las aventuras de Beremundo Filorte” Capítulo 1º, versículo 1, segundo izquierda

-¡Beremundooo! !Beremundooo! !Sbrrrpfffffgluac!

Gritó con gran estruendo y pavoroso hedor la buena de su madre, que del esfuerzo se habia tirado un cuesco de los que hacen historia en los anales de la historia, pupa en el ano y dejan huella en la ropa interior.

-¡Beremundo! ¡Ya estan abajo otra vez los raros de tus amigos!

-Madre, no son raros, es que son asi. Y no son amigos, son los tripulantes de mi barco, mis subordinados. ¡Que soy capitán marino, madre! Y uno tiene ya una edad y un par de orejas limpias y hermosas para que le grite usted de esa manera, que no soy sordo. Cojones ya.

Esto ultimo lo decia con la boca pequeña, porque de oirlo la madre, no habria vivido para contarlo. Lo de las orejas era bien cierto, desde su mas tierna infancia hasta cerca de los 37 tuvo puesto un gorro de lana de esos con bola encima para disimular su descomunal tamaño. Solo le sirvió para que le conociesen como “el mahareta del gorro”.

-Si hijo, si que es verdad.- Decia mientras le limpiaba el cuello a Beremundo con saliva y una toalla. -Ahora ve a ver que quieren tus amiguitos y te los llevas lejos de aqui que huelen a salitre y a rancio.

-Lo que usted diga madre, yo hace años que perdí el olfato por vivir a su vera. Hasta dentro de 8 meses. Muacs muacs.

Y es que la madre de beremundo era de flatulencia abundante a la par que fragante. No por nada los vecinos la obligaron a mudarse al ultimo piso desde su bajo izquierda de origen, e incluso llegaron a pensar en taparles las ventanas que daban al patio comunal. Ya no solo por el hedor, sino por el peligro de acumulación de gases en el patio, que a ver quien era el guapo que encendia la hornilla o se fumaba un cigarrito en la ventana sin jugarse el tipo o la vida incluso.

Y así partio Beremundo, feliz de dejar atrás a su puta madre y de reunirse con la panda de engendros que formaba la tripulación de su barco, “La Dorada 2ª”. Y es que Beremundo era gran fan de “verano azul”, cosa inexplicable ya que en aquellos años no habia televisión y Antonio Mercero no estaba ni en proyecto.

-¡Mira allí, Beremundo!- Gritole Filastro Cancanillas, su fiel contramaestre. -¡¿¡Eso que cojones es!?!.

A lo que respondió Beremundo:

-¡Tiene toda la pinta de ser un….!

Final del primer capitulo.

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2 comentarios en ““Las aventuras de Beremundo Filorte” Capítulo 1º, versículo 1, segundo izquierda

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