Las aventuras de Beremundo Filorte: Capítulo 1 del segundo volumen. Asín de chulos semos.

Tras un largo, larguísimo, tedioso, difícil y repito, largo larguísimo viaje de un día, Beremundo y su tripulación se encontraban a un día de distancia de la isla del mono en inglés. Y como no ocurrió nada reseñable ni en ese ni en otros días que le siguieron con tozuda puntualidad, los vamos a obviar hasta llegar a uno de los días más importantes en la vida de dos personas: una, Beremundo, que logró llegar al puerto de la ciudad inglesa de Wellsinfor Hamiltown Brannaghaus, y otra, María Escupida Enlacara, que aquel día pudo cambiarse de calcetines tras treinta años de calvario.

Pero como de la biografía de María Escupida Enlacara hablaremos otro día, o no, volvamos a las aventuras de nuestro prohombre Beremundo, que en cuanto desembarcó en la Gran Bretaña se granjeó fama de ser hombre muy leido, porque no paró de pedir periódicos a todo aquel que veía. Luego se supo que hubo un incidente con las reservas de papel higiénico del barco y una cabra que llevaban en la bodega.

El puerto de Wellsinfor. No es el de Rotterdam. Ni por asomo. En serio.

En primer plano, abajo a la izquierda, Beremundo, Anastacio y Barnasufio tirando la cabra al rio.

Una vez solucionada sus necesidades higiénicas, Beremundo encaminó sus temblorosos (meses de contención ahora liberada y desatada le provocaron inseguridad en las rodillas y un color cetrino en sus mejillas) pasos hacia la taberna local, que se llamaba “The Smelly Fish”, que traducido significa “Bar Manolo”. En cuanto entró, notó que algo allí dentro no iba bien. A Barnasufio Carboneras, cocinero del barco y amigo de Beremundo desde que se conocieron en el capítulo 4, que no existe porque lo borró un intelectual monguer, le dijo:

– Aquí huele a pólvora, Morgan.

Y le llamó Morgan porque Beremundo a veces se inventaba los nombres de las cosas, según viniera o viniese bien, no a el, sino a los autores.

– Beremundo, ¿que esperabas? todos estos son hijos de la pérfida Albión, que gustan de bañarse lo justo aunque estemos en el año de nuestro señor de mil nove…

Repentinamente, una voz se alzó por encima de las otras, dejándoles a todos sin habla y a los que tenía cerca, sin tímpanos.

– ¡Yo me voy a cagar en la Macarena! – dos viejunos que había detrás bebiendo brandy exclamaron – ¡Aaaay Macarena! ¡Arjaun!

 

El bar Manolo, clientela selecta.
El “Smelly Fish”. Foto tomada el día de la convención del “Club de la mano en el bolsillo.” El del fondo a la derecha es un invitado del “Club de la cara de puño de paraguas”, con el cargo de “Nove la mierda que llevo”.

– ¡Hombre, pero si es mi amigo Miguel Crúspidos! – dijo Beremundo, mirando a los ojos a su antiguo amigo mientras saludaba con la mano a otro que no conocía de nada- ¡A mis brazos, Miguel!

– ¡Bésote, bésote los brazos, Beremundo! – dijo Miguel.

– ¡Y yo bésote, bésote los lóbulos, Miguel! – dijo Beremundo.

– ¡Y yo, y yo bésoos los testículos a ambos! – dijo uno bizco calvo que había allí, pero viendo que su propuesta no tuvo acogida, se fue sin decir nada.

– Miguel, mecagonlaputa, ¿que es de tu vida?

– Pues nada, ¿te acuerdas de aquellos ahorros que tenía? Pues vine aquí y entre unas cosas y otras, me quedé en la ruina…

– ¿Y en qué gastaste el dinero, Miguel?

– Pues mira, mas o menos la mitad en unas cosas, y la otra parte en otras. Con lo que me sobró voy tirando, pero no es gran cosa. Hoy he quedado citado aquí con unos ingleses que me tenían que proponer un viaje. Pero no hablemos tanto de mí, que me desgasto rápido.

– No, si tampoco das para mucho…

– Por ello, por ello, hablame de ti, Beremundo, venga, sentémonos, que te invito a un vaso de bebida inmunda caliente.

– Ah, cuánto hace que no bebo inmundicias – suspiró Barnasufio, aunque esto lo podría haber dicho Beremundo, pero para que vea el personaje que no nos olvidamos de el.

– Gracias -dijo Barnasufio a los autores.

Pues de nada, a mandar.

Una vez estuvieron servidos en la mesa, dijo Beremundo:

– ¿Y que trabajo es ese que te trae a este puerto de Wellsinfor Hamiltown Brannaghaus, a partir de ahora Wellsinfor por comodidad?

– Pues no se mucho. Al parecer, un grupo de ricachones ingleses quieren organizar una expedición para conquistar la cumbre más alta del mundo.

– ¿El Tibidabo?

– Más

– ¿El Teide?

– No, más lejos.

– ¿Cuál es, entonces, mi querido amigo Miguel?

– El Everest, amigo Beremundo.

– ¿El de los diccionarios?

– El mismo.

– ¿Y quien guía la expedición? – preguntó Barnasufio mientras comía coquinas sin quitarles la concha.

 

Las coquinas, esenciales en la dieta de todo coquinero que se precie.
Típica ración de coquinas, con su ajito, su perejil, su vino blanco y sus dos kilos de tierra dentro para joer na má.

– Un viejo conocido vuestro, alguien que Beremundo seguro que recuerda…

– ¿Un viejo amigo, dices? No sé, tengo mas amigos que Julio Iglesias Puga amantes…

– No he dicho un amigo, he dicho un conocido. Prepárate Beremundo, porque su nombre es…

Fin del capítulo 1 del segundo volumen de chulos que semos.

Anuncios

4 comentarios en “Las aventuras de Beremundo Filorte: Capítulo 1 del segundo volumen. Asín de chulos semos.

  1. Mapashito

    “María Escupida Enlacara, que aquel día pudo cambiarse de calcetines tras treinta años de calvario”: No me he reido más con esta frase que en toda mi vida, parecía que me había tragado a Epi Cosquillas con un cargamento de pilas duracell

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s