Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo 2

La sala de autopsias estaba en el sótano.

Era húmeda, oscura, bañada por una luz azulada proviniente de un sólo tubo florescente que estaba instalado en la parte más alta. Los ocupantes vagabundeaban sin rumbo fijo, con los ojos fijos en dios sabe qué, la mirada perdida, carente de inteligencia, mientras que las paredes de aquel habitáculo les separaba de un mundo todavía más horrible que aquel en el que pasaban la mayor parte de su existencia. Obviamente, me refiero a la pecera que estaba en una esquina de la sala, desde donde unos peces con más hambre que un legionario de maniobras boqueaban en busca de comida del Dr.Wong, de esa de colorines, si hombre, si la has tenido que ver…

Paco Martínez Huesca, el afamado y decano forense criminalístico, examinaba con su nuevo becario el cadaver de Bill “El Mazas”, bajo la atenta mirada de Gómez y de Angelote.

-Voy a comenzar con una incisión en Y, para luego abrir el torax y examinar el interior del cadaver, a ver si podemos dilucidar cuál fue la causa final de la muerte. Por favor, muchacho, pásame el escalpelo… si, junto al bisturí… eso es…

Paco iba cortando la piel del cadaver desde cada clavícula hasta la parte superior del esternón, para luego desde ahí hacer otra incisión hasta la parte del bajovientre. Entonces, un sonido rompió el silencio…

– ¡Bravo, bravo, bravísimo! – gritaba Angelote, visiblemente excitado por aquello – ¡Que manera de cortar, que pulso!

Sonriendo altivamente, Paco pidió silencio con un gesto para, a continuación, pedirle al muchacho la sierra manual curva.

– Ahora con esto, un corte longitudinal en el esternón nos revelará el interior de la cavidad torácica. Atentos al ruido, llevo cuarenta años haciendo esto y todavía recuerdo la primera vez…

El hueso crujió bajo la sierra, lo que desató otro estallido de júbilo en Angelote, que esta vez fue mitigado por una pronta colleja del detective Gómez

– Un respeto muchacho – dijo Gómez – Mañana ese que está ahí podrías ser tu, o yo, tu padre o tu madre, así que piénsalo, el único requisito para morir es estar vivo, y para un policía, ni siquiera eso.

– Que duro eres, Gómez – replicó Angelote.

– Me lo dicen mucho, sí. Continúe, doctor.

Al abrir la caja torácica, Paco soltó una exclamación de sorpresa:

– ¡Coño! ¿Pero todo esto que es? Mira, fíjate – decía absorto mientras sacaba órganos del cadaver – ¿Esto que es? A ver, hay dos… pues un corazón será, digo yo…

– Corazón tenemos uno – replicó el becario.

– ¿Uno? ¿Tu estás de coña? ¿No? Bueno, a ver… joder que lio… ¿Cuántos pulmones tenemos?

– Dos.

– Ah, pues eso va a ser… si, aquí hay otro y mira, si me los pongo a los lados de la cabeza, parezco Dumbo ¿A que sí?

El detective Gómez interrumpió el soliloquio de Paco.

– Señor Martínez Huesca, me parece perfecto que se divierta en su trabajo, pero el tiempo de un policía es escaso. ¿Sabe si este sujeto estaba muerto ya cuando fué a parar a aquel callejón?

– Perdone, perdone, es que me dejo llevar – dijo Paco, y en voz baja al becario, dándole un trozo de tripa – Llévate esto arriba y pregunta a ver si alguien sabe que es… que hay metros y metros aquí dentro, está todo reliado… para mi que este se tragó una guita gorda, pero por asegurarnos…

– ¿Señor Martínez? – era Angelote esta vez – ¿Podría centrarse por favor?

– Ay hijo, es que me pierdo, me pierdo, cada muerto es un mundo, fíjate. Mira, creo que sí, que este sujeto murió en otra parte, y luego lo transportaron hasta allí. Sí, no hay ninguna duda que fue así.

– ¿Y cómo sabe eso con tanta seguridad?

– Por esto, lo tenía grapado a la lengua – dijo Paco, entregándole un resguardo amarillo de una empresa de transportes a Angelote.

– ¡Déjame ver! – exclamó Gómez, arrebatándole el papel de las manos – Sí, no hay ninguna duda. Es un recibo de un porte de muerto, la empresa la conozco, pero el remitente es un particular, no me suena de nada… “Jesús Dena Zaret”.

Angelote, con cara de… es dificil definir la cara de Angelote, pero eso, que estaba sorprendido, dijo:

– En la academia de policía, en mi clase de psicología de masas y ostias con la porra si falla, había un Jesús Dena Zaret, un tipo raro, un friki que vestía siempre de blanco y se ofrecía a hacer de muñeco de prueba de las prácticas de lucha cuerpo a cuerpo, por nosequé de las mejillas. Para mi que era “rarito”, usted ya me entiende…

– Habrá que hacerle una visita a tu ex-compañero, Angelote. Creo que tendrá que revelarnos algún misterio, y será milagro que se nos escape.

¡CHA-CHAAAAN! del capítulo 2.

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3 comentarios en “Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo 2

  1. Mapashito

    No te digo Ewor por no decirte Rodriwor! Con el párrafo de la pecera se me ha caido un ojo y he rematado la canasta de mi cuarto (la cual no tengo) al más puro estilo Mike Jordán de Jordania!!!!

  2. satanick

    Gracias, gracias mil. Ya estoy pensando en el tercero, que no se por donde tirar con esto.

    Por cierto, prefiero que me digas Rodriwor. Rodriwor Díaz de Vivar, que vendía neveras con su hermano.

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