Cuento indeleble: Jamones extraños.

Aquella mañana le sorprendió lo vacía que estaba la consulta del médico. Normalmente a aquella hora los jubilados y jubiladas se paseaban por allí, con la cartilla en la mano, sin otro ánimo que el de estar en aquel recinto y comprobar que las caras que aquella mañana viesen fueran las mismas que mañanas atrás vieran, como si pasar lista tuvieran como hobby y/o afición.

Si algún día una cara faltaba, las miradas cómplices entre los varios jubilados eran elocuentes: sólo podía haber dos razones para que algún día alguien no fuese al médico: su defunción o que estuviese enfermo. Esta segunda posibilidad daba mucho juego ya que los ociosos ancianos entonces se dedicaban a difamar por el barrio cuantos bulos fundados o infundados pudieran sobre enfermedades reales o imaginarias que acechaban a la débil salud del ausente. No se entendía una ausencia como algo trivial, era un auténtico acontecimiento que ponía al barrio en estado de alerta y que alguna vez incluso llegó a la histeria colectiva cuando en el mercado a alguna pérfida lengua le daba por anunciar un fallecimiento de alguien basándose en el único indicio de su ausencia en la consulta del médico aquella mañana. La histeria venía al ver llegar al difunto por su propio pie a comprar tomates o papas, provocando taquicardias varias.

Absorto y perdido se hallaba en estos pensamientos, cuando vio que una señora gorda que tenía un número mayor que el se levantaba y se ponía al lado de la puerta de la consulta. Con mucho tiento, debido a su ceguera, se dirigió a ella:

– Señora, ¿Qué número tiene usté?
– ¿De narí o de coño? –respondió la señora mientras se sacaba un tampón de entre las piernas y lo lanzaba al techo, donde se quedó pegado.
– No, número de aquí, del médico
– Yo que se, hijo, míralo en las páginas amarillas.
– Sale el quince- dijo él, absorto en el tomo.
– Entonces entra tu, que yo me espero a que me traigan el paraguas.

Una voz salió de detrás de la puerta de la consulta.

– Siguiente, pase…

La emoción le embriagaba más que un JB, era la primera vez que alguien le hablaba en esos términos

– ¡¡¡ Siguiente, pase !!!

No podía creerlo… decían siguiente y se referían a el… el, que toda su vida había sido Paco, y ahora lo llamaban Siguiente, un nombre muy bonito, que además le daba que debía ser más importante que Paco ya que tenía más letras. Ya podía ver su nombre iluminado, Siguiente Pase, que grande iba a ser con un nombre como aquel, conquistaría broadway y broadband y la adsl y todo lo que pudiera con aquel nombre que ya veía iluminado recortándose contra el firmamento.

Entonces, salió una ATS, llamadas ahora por aquello de la correcta nomenclatura de los cargos sanitarios ATS, y le dijo:

– ¿Pero quiere dejar de mirar el panel informativo y pasar, coño?
– Brfs, brfs chop chop pui pui – dijo un coño que allí esperaba
– Mejor que pase yo entonces – dijo Paco, ahora más conocido como Siguiente Pase.

Cuando entró, no pudo contener las lágrimas ni la orina.

La habitación era blanca en un principio, aunque ahora tuviese color de almagra cruda. Un cartel una vez en color mostraba ahora en tonos verdes como una señorita con cofia modelo Gracita Morales tenía un dedo con superglue pegado a la boca, y debajo se leía “Silencio” y más abajo “Impreso por Gráficas Campos, 28080 Madrid- Getafe”. En la otra esquina de la consulta, había una especie de biombo hecho de metal con cortinas de duchas de los veinte duros rodeando una camilla como en la que se tumbó Nerón el día que se quedó sin gas en el mechero, cosa que no le sorprendió más que aquella preciosa paellera que tenía colgada detrás del biombo y que con gambas y mejillones retrataba la cara de Franco.

El médico entonces, viéndolo allí parado, le dijo:

– ¿Se va a sentar o voy a tener que meterle dos galletas?
– ¿De que son las galletas, de granola de ortí?
– Siéntese, ande, siéntese….

Al sentarse notó un leve dolor en el ano, en la zona cular más precisamente, causado porque sin darse cuenta se había sentado encima de un corregidor que allí se encontraba, y que con muy mal tino, le había acertado con el boli de corregir en mitad del orto.

– Usted perdone, caballero, pero su boli me ha hecho pupita en lo que es todo el ciezo.
– No se preocupe, oh excelso usuario de la sanidad pública – dijo el corregidor – que el boli ni tiene tinta ni nunca la tuvo, tal es el misterio del boli que sin tinta nunca escribió.
– Así sin tinta, la verdad es que mola más.
– Ya te digo.

Y se fue el corregidor, con dos recetas en blanco y más contento que unas pascuas, que yo no se que son, pero deben estar contentas.

– Bueno, y que mal le aqueja, amigo mio – dijo el médico.
– Yo ná, pero aquí le traigo la pata jamón para ver si puede usted hacer algo, que la noto decaida.

Entonces se subió el doctor a la mesa y, bajándose los pantalones y tendiéndose en la mesa, le puso un muslo a cada lado de la cara a Siguiente Pase, de manera que el pene del médico le daba en la frente y el señor Pase pudo comprobar que aquello marrón que le quedaba a la altura de la boca no era ni nesquik ni nocilla, sino mierda seca pegada en un calzoncillo que, gracias al cielo, estaba hacia dentro.

Y estando así, le preguntó el médico:

– ¿Qué, cacho cabrón, como tengo las amigdalas?
– ¡¡¡ Y yo que coño sé, yo sólo veo vello púbico, mierda seca y muslos !!! – respondió Siguiente, entre asqueado y cachondo, ya que a el todo aquello le daba como gustillo.
– Mira que os tengo dicho, mira que os lo digo veces, joder, que para examinar la pata de jamón me hace falta el resto del cochino, que si no no puedo dar un diagnóstico ¿o puede usted vislumbrar mi estado bucal mirándome los cojones? ¿A que nó? Pa que vea…
– No, si mirado así tiene sentido…
– Traigame el cochino entero, y ya veremos….. amigo pase.
– ¿Cómo sabe mi nombre?
– No se tu nombre, que te digo que te vayas y que pase el siguiente, que es amigo.
– Ahm…

Y dicho esto, salió Siguiente Pase con el jamón cargado en los hombros y una monja cagando hombres que allí estaba sujeta por una guita.

Anuncios

4 comentarios en “Cuento indeleble: Jamones extraños.

  1. Mapashito

    Lo que no me quedó claro es si la pata era de jamón de pata de jamón o por el contrario si. Ya quisiera un médico com ese Nuria Bermúdez, se hubiera untando la zurrapa de los slips en 24 medias noches

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s