Plenswok, ciudad de cabrones. Apéndice el pura pespués de rezar

Más allá de magos con H de hijodeputa y enanos que crecen al estilo cangrejo, había un lugar que se era, pues fue pero ya no lo es, así que ya no existe, aunque un día existío, pero por sólo 25 horas. Es decir, -aclárate que el lector se aburre- que duró, pues más o menos, 5 pesetás.

Ese lugar era conocido como Plenswok, donde hacían unas verduras salteadas con verdadero Fiat Estilo. En realidad, Plenswok perteneció durante 3 pesetas al reino de Thortamon, que según el Real Diccionario Monguer de las Palabras Falsas, no es esdrújula, ni agudújula, sino llana, es decir del pueblo, del pueblo de Thortamon (¡Camarero! de postre me pone Thortamon con melón).

Pero Plenswok no era llana, ni santa, ni del mar como la mentirosa Santillana del Mar, sino que tenía monte, más que monte tenía montañas, que eran montes pero con legañas, pues cuando se levantaban, lo hacían con los ojos pegados, y les costaba despegarlos pues Papa Monte se le olvidó comprar Alcohol de 96 grados, ya que se lo gastó todo en vino, el muy cochino.

Sus habitantes eran todo lo contrario que los de Thortamon. No eran cabras, eran cabrones, que viene a ser lo mismo pero con leche caducada de hace tres años, es decir, con mala leche. Y debido a su idiosincrasia cabronil, se quisieron sublevar del reino de Thortamon, y tras duras partidas de parchís y alguna que otra de la Oca, Brifidon -el malvado tirano- perdiólo todo y se fue a hacer ganchillo bajo la sombra de un Pino Piñonero, típico de las tierras del Polo Norte, donde vive Pingu y su adorable familia, Meeeeeeeec, Meeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeec.

Si amiguitos, así fue como Plenswok consiguió la carta de emancipación, y cogieron todas sus montañas y se las llevaron de Thortamon, justo a 47 grados hacia el Noroeste. Pero como el destino siempre juega al boomerang, boomerang, viva la numeración, quien quieere Matrimoniooo… pues El Puma sacó otro discazo del verano y se fue con el Koala a Gibraltar el Chico a comer churros de Casa Aranda. Pero esas montañas no fueron muy lejos, ya que el malvado tirano la habia pegado con Superglú del malo de ese que deja babilla, por lo que en vez de quedarse a 47 grados hacia el Norte (Mi capitán avista usted tierra alguna? No polizón, sigue durmiendo que todavía queda para llegar a Antequera) se quedó a 456 grados hacia el sur y a una distancia de una peseta y media, por lo que el pueblo llano de Thortamon rodeó las montañas pleswokianas con fixo para arroparlas, pues se acercaba el crudo invierno.

Pasado el invierno, pasó un trimestre más, es decir Enero, Febrero y Junio, y llegó el Otoño de 1354, es decir justo, justo un año antes de 1355, que tenía rima y por eso los lugareños lo llamaron el Año del Cipote, para que fuera menos malsonante.

Los oficios a los que se dedicaban los habitantes de Plenswok eran muy diversos desde afilador de penes de búho, hasta limpiasables de 750 gramos, más o menos del tres al cuarto. Estos habían formado una banda muy, muy mala, y tenía a todo el pueblo aterrorizado. Se dedicaban a hacerle mamazos a todos los indigentes que vivían en la calle. Se hacían llamar los Fontaneros de la Calle, e iban increpando a los barbudos y poco aseados personajes de la rue con frases como: “Te la vamos a chupar, siiii”, “De esta no saldrás virgen” o “Te la voy a comer con los huevos dentro”

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