Cuento indeleble: La Sinuosa Historia de la S Recta.

– “Jotaaaaaaaaa! Jotaaaaaaaaaaaaaa! Joooooooooooooooooooootaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!” Gritaba J sin control. Pobrecilla, no sabía decir otra cosa nada más que jota. Claro, es lo que tiene ser una Jota Mayúscula, si hubiese nacido minúscula, quizas tendría chalet adosado en el Rincón de la Victoria, coche, moto, bocadillo de percebes y un lápiz rojo de tinta Morgan Freeman Tecado Mingo Minola piz rojo de tinta.
K, su inseparable compañera de brazos estirados por una ingesta de superglú de los chinos, se acercó a J. – “Jota, Jota, no encuentro a H, creo que se ha intercalado en un búho gay que duerme en el puerto y no puedo rescatarla!” -.
J yacía en el aire con el palito de arriba torcido, se había peleado con una G de la Palmilla, siempre andaban como el perro y el gato y todo el abecedario las confundía.
K cogío a J por la parte bajuna, por donde se curva, y la llevo hasta un descampado con la intención de violarla por el punto de la J minúscula. K era mala, muy mala, tanto que daba susto, sustísimo, pupa pupita. J la tenía como una consonante de bien, una mayúscula de pro, pero en realidad subyacía por encima de ella un sentimiento malo con M.
Se conocieron en Ibiza, en un campamento de invierno, dando clases de literatura en literas de una sola cama. M lo tenía todo planeado. Contrato a G para hacerle la vida imposible a J y que pareciera todo un accidente, como en las películas de Disney.
Y así fue, J malherida y con sangre por todo su palo vertebral era eyaculada una y una vez por K en la cara y en el ombligo derecho.

S descansaba en su casa, totalmente erguida, después de una noche de intenso esfuerzo minúsculo, ordenando los numeros ordinales de su casa y pintado los cardinales con ceras Carioca de 5 colores. Una llamada en su móvil le alertaba de que algo no iba bien. Se había dejado al niño en la candela, para más INRI tación, el fogón estaba a fuego lento, por lo que el niño no se podía escapar, pues sus movimientos se producían más despacio que la paja de una totuga bizca. De haber puesto la candela al 9 quizas su hijo se hubiera salvado.
Además se le echaba el tiempo encima, pues tenía que llevar a sus 3 perros y medio al colegio, tanto, que aún sacudiendo la pata el tiempo no se despegaba. S se asomó al periscopio que tenía por ventana en su casa tipo Loft con acento en la i griega (de esa hablaremos otro día, pues la muy loca era homosexual, le gustaba que le dieran por el orto). Al posar su único ojo sobre el visor del Perriscof, arriba perriscof, abajo perriscof, observó que en el descampado que estaba adyacido a su hogar, K petaba sin ningún miramiento (ni para la izquierda, ni para la derecha, mira siempre para la izquierda que si no te atropellan, que esto no es LOndres) a J.
S, sobresaltada mallorquina, se untó a sí misma en un pan con queso y sal y se dió un mordisco, para probar si el desayuno le había quedado bien. Dios mio, dijo S con estupor y sintupor, estan poniendo una Pepor (pelicula porno) en el descampado de las gomas Milan 714, pues como se muevan mucho se les puede borrar el ojal.
K terminó el acto. Saco su palito inferior de la curva de J y se fue alejando descampado arriba, con lo cual, sus pies se iban borrando hasta quedarse en un mísero punto y final.

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