Cuento indeleble: Égloga dramática.

En las lejanas colinas, o pichillas, donde la hierba crece verde y viene un perroflauta y se la fuma y tira la colilla, o pichilla, y quema el monte de venus de un chocho que hace pui-pui mientras lee el ¡hola! (¿Quién ha venido? Exclamación ¡Ah! Sí, eres tú, pasa pasa), dos pastores se dedicaban a pasear mientras el ganado con el sudor de su frente y sus sobacos mugía con las patas apoyadas en el suelo comer a las tres o por ahí.

– Juan Vicente, ¿en qué pensais? ¿pensais quizás en la fluidez del agua del rio?

– No, otros pensamientos enturbian mi mente.

– Juan Vicente, decidme…

– Me…

– … decidme, digo…

– Me digo…

– ¡Juan Vicente, estais intrateibol!

– ¡Por el culo te la hinco!

Y emprendieron a mamporros uno con el otro. ¿Y todo por qué?

Por mejorar el medio ambiente.

No lejos de allí, que tiene mas letras que “cerca” pero queda mejor, así que merece la pena decirlo así, había una choza en la que una anciana, diminutivísimo pequeñoico de Nancy Anal, tejía con los pelos de sus pezones una bufanda de ladrillo visto, mientras su niña nieta no estaba ni ñá, ni eta. Y le preguntó la chiquilla, sugiriendo un aleteo palmar:

– ¿Abuela marica?

– Si querida cosa que te arrastras, Abu era marica, le gustaban los empellones y las cositas que obturan. – decía la anciana sin mover los labios vaginales.

– ¿Y por eso nos lo comimos? -preguntó la chiquilla, mientras se vestía de guardia civil.

– No, nos lo comimos porque estaba bueno, su tendencia sexual no nos incumbía lo más mínimo. – respondió la anciana, poniéndose los calcetines en los codos.

– ¿Y entonces porqué cuando estaba delante le decías gayer y cuando se iba le decías maricón de mierda? – inquirió la chiquilla, con las orejas en remojo.

– Por la hipocresía de esta sociedad, chiquilla. – contestó finalmente la anciana, mientras pintaba el suelo por debajo.

– Ahhh, ahora lo comprendo todo. – reflexionó la niña, y se cortó entonces las venas del flequillo con una maquinilla Guillete, mientras los jilgueros cantaban encerrados en esta enorme jaula azul, la tierra, de donde no podemos escapar si no es muriendo, y ya entonces no vamos a ninguna parte, porque no llevamos bonobús.

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9 comentarios en “Cuento indeleble: Égloga dramática.

  1. mapashito

    Joe como sigamos asín, editamos del tirón el libro más surrealista de la historia, el cual en vez de tapas tiene hojas y en vez de hojas tiene tapas (de chorizo, no, por favor, quemese repite).
    Quizás te haya faltado, para dale más énfasis a las palabras cuadriesdrújulas un punto y principio y tres hojitas de perejil.

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