Thortamon, tierra ignota: Capítulo palito palito

La mano del señor oscuro Brifidon se alzó en el aire y empezó a agitarse. Los restantes tres integrantes de la mesa, Carapán, el señor de la guerra orco, Mariconisimigl, el nigromante elfo oscuro y Temetopoco, el hombre lobo caudillo de las bestias de la noche, esperaban impacientes un gesto de su amo, que se produjo cuando tiró una piedra de forma cúbica encima de la mesa. Cuatro pares de ojos y un ojete siguieron con atención la trayectoria de la piedra…

– ¡Toma ya! – dijo Brifidon – ¡Seis! ¡Me como la verde y me cuento veinte, y a casa! ¡He ganado! ¡He ganado! – gritaba con voz malévola mientras daba saltos de alegría por toda la mazmorra malévola, arremangándose las faldas de la túnica malévola para no pisársela con sus pies malévolos, haciento temblar la mesa malévola sobre la que jugaban.

– Es usted un temible enemigo jugando al parchís élfico, mi señor – dijo Mariconisimigl, mientras el orco y el hombre lobo cruzaban mirádas cómplices de asco.*

– El dia que te pille – susurró Carapán entre dientes – se te va a quitar el peloteo y el mariconismo.

– El dia que me pilles… escucha, estulta subcriatura – susurró Mariconisimigl -, si ese día llega, yo mismo me suicidaré mascándome las criadillas.

– Si se trata de mascar, yo me apunto – era Temetopoco el que habló.

Brifidon cesó en su celebración y se dirigó al cónclave tenebroso:

– Amigos, sabeis que la conquista del mundo está cercana en el tiempo. El mundo nos teme. Pero todavía nos separa del control total una cosa, todos los sabeis.

– ¿Lo qué nos separa de lo qué? – inquirió Temetopoco, mientras investigaba por qué la mesa seguía temblando.

– Permitidme señor, que le recuerde a Temetopoco a que os referís. – dijo Mariconisimigl – Nuestro amo y señor Brifidon se refiere a la profecía del niño monguer, esa en la que un zagal se interpondría en los planes del gobernante más brillante y cruel que jamás halla gobernado Thortamon.

– ¿Esa no era la profecía del niño tonto? – Carapán hablaba ahora – No creo que nuestro señor Brifidon sea tan estúpido como para asustarse con ese cuento de viejas…

Temetopoco volvió a notar como la mesa temblaba casi imperceptiblemente, mientras Brifidon se erguía en toda su longitud de malevosía y decía con una mala leche semidesnatada que es mas sana porque engorda menos:

– ¿Eso crees, Carapán? ¿Piensas que yo, señor de todo lo que se ve y de lo que no se ve pero está ahí aunque no lo veas, vamos, que lo intuyes, temo a un cuento de anciana?

Temetopoco volvió a notar como la mesa temblaba, y vió como unos finos tentáculos negros salían debajo de ella, serpenteando.

– Mi señor…. – dijo.

– ¡Calla, chucho del infierno! – bufó Brifidon, y dirigiéndose de nuevo a Carapán – ¿Que puedo hacer contigo, estúpida criatura abyecta? ¿Qué castigo debería inflingirte por este insulto?

– Mi señor… – dijo Temetopoco, mientras veía que la mesa empezaba a supurar un líquido pegajoso por la parte en la que el estaba sentado.

– ¡Calla, perro sarnoso! – volvió a gritarle Brifidon, y de nuevo a Carapán – ¡Estoy debatiéndome entre enviarte al abismo del chochezno mantecón, o matarte aquí mismo con mi espada malévola!

– El chochezno mantecón es especialmente sádico en esta época, mi señor – dijo Mariconisimigl, dedicando una pérfida caida de párpados verdaderamente perturbadora (si te va ese rollo) a Carapán. Mientras, Temetopoco ya se había levantado de su silla malévola, ya que la mesa malévola donde jugaban al parchís malévolo, no dejaba de rezumar caldillo y pelos…

– Mi señor… – dijo por tercera vez.

– ¿QUÉ? ¿Qué quieres, maldito semicánido, estúpido semihumano, denostado semicurado García Cowboy? – le gritó Brifidon.

– Mi señor, la mesa segrega un líquido cachiporcoso rarísimo…- el silencio se cernió sobre la habitación malévola. Con un hilo de voz, Brifidon preguntó:

– ¿Cómo?

Y entonces la mesa, que no era tal, se hirguió sobre sus piernas, pues era un ceretegón** que enseguida atacó a Temetopoco vertiéndole encima una ingente cantidad de veneno pastoso, que dejó paralizado al hombre lobo, no por la acción de la gelatinosa sustancia, sino de repugnancia misma.

Brifidon levantó sus manos y conjuró otra criatura para hacerle frente al gargantuesco ciezo:

– ¡Poyimir***, cipote del infierno, yo te invoco!

De sus manos surgieron olas (¿que tal?) de energía mágica que se solidificaron en forma de poyimir a escasos metros del ceretegón, que se giró encarando al nuevo monstruo y al verlo, emitió un grito de angustia:

– ¡Puipuipuipuiuiuiuiui! – decía el ceretegón.

El poyimir se relamió y con su voz telepática gritó al ceretegón:

– ¡Ven aquí, ladrón, que te voy a dar misterio!

El ceretegón corrió lo que sus cortas y rechonchas piernas le permitieron hacia la puerta malévola de la mazmorra, mientras el poyimir le seguía de cerca, lanzándole salvas lechosas de… eso. El ceretegón derribó la puerta usando su propio ojete como ariete, y desapareció por el pasillo malévolo, mientras el poyimir le seguía gritando proposiciones soeces telepáticamente.

Brifidon se dirigió a sus lugartenientes. Mariconisimigl salía corriendo tras el poyimir, gritando “vuelve, vuelve”. Viendo esto, Carapán, se tiró al suelo con las lágrimas saltadas de la risa, mientras Temetopoco estaba en el suelo limpiándose los huevos con la lengua, si, como los perrillos.

– ¡Señores! ¡Contrólense! Alguien ha transmutado la mesa camilla y el brasero en esa bestia del averno para acabar conmigo. Y creo que todos tenemos un nombre en la cabeza…

Todos los miembros del cónclave tenebroso dejaron de hacer lo que estaban haciendo, parecía que el tiempo se había detenido en el interior de la mazmorra malévola:

– Sí, señores temo que detrás de todo esto se encuentra …

El silencio se hizo incluso más evidente, el viento se heló y se hizo pesado. Un leve terremoto empezó a notarse de forma intermitente en la habitación. El poyimir había alcanzado al ceretegón, y seguro que se lo estaba… eso.

– … !Justiano!

* Uy, cómplices y asco en la misma frase, acabo de hacer crítica musical.

** Monstruo ancestral con dimensiones de oso pero forma de culo con sus cachetes y piernas. Carece de brazos, aunque usa los pelos del culo como tentáculos para atacar a latigazos. Su ataque de chorro de diarrea es letal. En la guía de monstruos de Thortamon, se le da la categoría de “Ano Rmal”.

Un ceretegón t�pico con los pelos en posición de ataque

Ceretegor según se muestra en la guía de monstruos de Thortamon

*** Monstruo primigenio con dimensiones similares a un ceretegón, pero con forma de pene. Se desplaza sobre sus cojones, por lo que no se le suele ver en terreno pedregoso o con chinillos de esos que si vas por la playa ya joen si se te clavan, imagínate en los huevos. Ataca arrojando… eso, y dando latigazos con la cabeza. Una capa extra de piel le cubre la cabeza si necesita blindar la plazoleta. En la guía de monstruos de Thortamon, se le dá la categoría de “Porculizante”.

Poyimir en estado de reposo. Nótese la flacidez.

Poyimir, según ilustración de la guía de monstruos de Thortamon

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