Las desventuras desvestidas del Niño Monguer. El Niño Monguer sale a comprar tabaco

Cuando el Niño Monguer sale a comprar tabaco, las palomas de la plaza del pueblo se van a la librería “I Book on Mondays” a comprarse el Quijote. Forman una cola enorme y el dependiente adolescente con granos en las mejillas y cara de culo de oso muerto se hace un lío al cambiar por euros el maíz y los trozos de pan recolectados por las aves.

El Niño Monguer no fuma, dice que el tabaco es malo para los niños, por eso cuando él compra tabaco le pega en el culete de filtro a los cigarrillos Malrollo por haberse portado mal, los pone de cara a la pared, y justo en ese momento las palomas le llevan los libros de Don Quijote de Thortámon, que come huevo con mucho jámon, y se los endiña en sus manitas de rizado tabaco a los cigarrillos mancos. -¡Es el castigo que os merecéis!- espeta de sardinas el Niño Monguer. Los cigarros, al no poder soportar el peso de tal magna obra, se parten por la mitad, es decir, en 7 cachos, y son utilizados por el Niño Monguer para hacer el sofrito de la paella, que no que es pa él, que no que es pa ella, ñoco!.

Así el Niño Monguer consigue reciclar el tabaco e impedir que su padre, que es una cesta de Navidad, se lo fume. Lo cual jode también al quiosquero, que aparte de vender tabaco, vende pipas del elefante gayer en la puerta del colegio. El quiosquero, después de lo que lía para conseguir el tabaco, desearía que el Niño Monguer muriera atropellado por el sobaco de un erizo manco.


El quiosquero, que a partir de ahora llamaremos el quiosquero, consigue el tabaco de la siguiente forma: Después de esconderse debajo de los palominos de los calzoncillos de un marinero, roba el tabaco de contrabando que viene al puerto en un barco con ruedas y tubo de escape, tras esto, se lo mete dentro del ombligo y pasa la aduana dando los saltos que se dan cuando se juega al Guiso, y cuando llega a la casilla 10 el policía de la Aduana, que se llama Ana, aunque es varón, le da una pegatina que pone: “Como se atreva usted a volver por aquí le voy a dar una olla de callos pero se la voy a meter por el ombligo y también le daré un besito donde usted guste”. El quiosquero tendrá que guardarse la próxima vez los cigarros en otra, parte pues si no se le llenarán de puchero.

El Niño Monguer con el gato Cipote en el bolsillo de su camisa


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2 comentarios en “Las desventuras desvestidas del Niño Monguer. El Niño Monguer sale a comprar tabaco

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