Cuento indeleble: Viciosos gomosos

(Basado en una idea de Mapashito aunque ni el sabe que la ha tenido)

Flotar.

A eso se reducía su existencia.

A flotar.

Flotar era su razón de ser, le habían fabricado para eso, era toda su meta, su única finalidad.

Bueno, también estaba lo de soltar pedos silvantes por su culo. Su existencia era una existencia vacía, como su interior, vacío. Bueno, lleno de aire e ilusiones de pequeños infantes, y ocasionalmente se llenaba también de agua. A el le jodía que le llenaran de agua, porque entonces no le funcionaba bien el pito. En vez de un alegre silbido, salía una especie de pedorreta que no hacía justicia a su naturaleza noble. Pero no podía protestar por dos razones:

1.- Era de goma, y los seres de goma no hablan.

2.- Era un pato, y los patos no hablan.

El pato, inquietante realidad.

Entonces, un día, conoció al pollo. El pollo tenía una polla. Y por supuesto, era de goma también. Me refiero al pollo. Y también a la polla. Podría decirse que ambos eran de goma, aunque el pollo era de color carne y la polla era de color polla.

Bueno, era de color polla de pollo.

De goma.

Ambos.

Ambos de goma, no de color de polla.

El pollo era de color pollo de goma y la polla era de color polla de pollo de goma.

En fin, el caso es que un día el pollo cayó (y calló, porque los pollos no hablan) en la bañera en la que estaba el pato de goma. Una ola de las que cantaba Rocío Jurado hizo que por azar, al final el pato se encontró con la polla del pollo dentro de su pito de pato.

Y eso que un pito y una polla no caben una dentro de otra.

O igual sí, si no están circuncidados. (Mierda, preferiría no haber generado esa imagen en mi mente)

El caso es que al pato no le apetecía nada tener una goma que no era suya en contacto con su cuerpo, pero encontraba cierto regustirrinín en todo aquello, y por fin vió la luz de la razón. Igual era porque le habían abierto el tercer ojo, que en su caso era el pito, vete a saber y traeme un souvenir de allí, pero el caso es que en ese momento el pato supo que era pata, que su pito no era tal mas que en su acepción linguística, y que amaba a aquel pollo de goma.

El pollo, que hasta ese momento no había conocido el sexo gomoso, pensó que no tenía que limitarse a aquel pato que resultó pata.

Así que huyó, y en mas de un sentido, salió por patas.

El pato que ahora era pata se quedó allí, flotando en la bañera, llorando por dentro, hasta que una infantil mano la estrujó, haciendo que se tirase un pedo que espurreaba sus lágrimas de amor, contenidas hasta ese momento.

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2 comentarios en “Cuento indeleble: Viciosos gomosos

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