Mensaje timofónico. Capítulo soldadito (con estañito)

“Vodafone información pa putitas. El número mamado no existe. Por favor, vuelva a intentarlo nuevamente.” Aquella voz electrónica retumbaba en el tímpano de Prísfudes una y otra vez, quizá fuera porque no apartaba la oreja del auricular de su terminal timofónico, o porque en la otra oreja tenia adosada la boca de una mujer que le repetía exactamente la misma frase, con lo cual escuchaba en estéreo, es decir, en aquel preso.

En la habitación, solo había cuatro paredes, séis puertas y ocho ventanas. En el único hueco restante del testero derecho, justo en la esquina (como las putas), había pintado con ceras de colores marca CAMAR la silueta de Bart Simpson tocándose la zambomba en Re menor sostenido por una alcayata de madera. Prísfudes yacía de pie sentado en un pollo de goma. Mientras escuchaba la frase sonreía con la nariz fruncida y se meneaba de atrás hacia alante y de alante hacia atrás. Podría perfectamente pasar por un muñeco a tamaño natural de Georgie Dann (que donde las dann las tomann) cantando por el Mocito Feliz su bella canción del caballo que decía: “el caballo camina palante, el caballo camina patrá, a las cuatro de la tarde me como un kilo calamá”; pero aquellas rastas en los sobacos lo delataban. Junto al ojo izquierdo de Bart reposaba lentamente una repisa en la cual habían colocado una radio de edad incierta que no paraba de escupir noticias de China, malas relaciones conyugales y reconocimientos estúpidos de la sociedad pasada, presente y futura.

Prísfudes tenía los brazos atados con una camisa de fuerza G4. En las manos, unos calcetines blancos con una línea roja y otra azul en cada extremo. Los pies, tenía dos, pero en vez de dedos tenía molletes antequeranos con aceite y tomate restregao (el jamón se lo comió Bart Simpson, que era catalán. Bueno en realidad se llamaba Jordi, pero su manager le cambió el nombre por motivos que nunca dió a conocer ni en sus memorias, ni en su biografía, ni en su diario. Bueno en su diario sí, pero no le digáis a nadie que lo ví, pues es sedcleto de la tlompeta).

El pollo de goma en el cual se asentaba, no era femenino, como algún que otro gayer hubiera preferido. Tenía la cresta azul, pues era un pollo punkie, y un piercing en forma de pincho en el ala derecha. El suelo, que aunque Prísfudes hubiese querido, no era de goma, sino puro suelo de vaca pasteurizado y enriquecido con ácidos Omega guays 3 y oléico que te quiero oléico. Era una habitación casi vacía, a no ser por el piano de cola de caballo que estaba en la parte divisoria de la sala, y por la reproducción de un tanque Panzer XJ16 a tamaño dos veces natural, como la vida misma, que descansaba suavemente en la misma esquina donde Jordi, esteee, digo, Bart Simpson, estaba dibujado en la pared. Los más entendidos en la materia dirían que viendo a Bart desde un prisma óptico contemporáneo 16 grados al sur de Cayo Malayo y 5 grados al norte del piano de cola de caballo parecería que estaría subido en el tanque, pero no.

Prísfudes miraba de lado a lado, hasta el tope que le permitía su cuello dorado por el sol, con la misma técnica que utilizan los espectadores de un partido de petanca sobre hierba. No recordaba absolutamente nada. No sabía por qué estaba allí. Sólo sabía que se llamaba Juan Prísfudes de Todos los Diablos, aunque cuando estornudaba todos le llamaban Jesús, y que su madre le había mandado a comprar coquinas a la carnicería de la esquina (como las putas). Él estaba de espaldas al tanque y de frente al piano de cola de caballo, del caballo del malo (que corre menos). Intentaba levantarse del pollo de goma y zafarse de la camisa de fuerza, pero el primero estaba pegado al suelo con SUPERGEN (si ese que de chicos utilizábamos para hacer manualidades y que era como un moco amarillento), y la segunda, que va después de la primera, estaba apretada con velcro de primerísima calidad.

Prísfudes notó el pinchazo del pincho del piercing (que lleva ‘k’ intercalada, la cual no se vé porque está escondida detrás de la ‘n’) y del susto se le enganchó a la camisa de fuerza, rajando parte de ésta. De la impresión se tiró un cuesco que resonó tan fuerte que hasta se pudo ver en http://www.maps.google.com y provocó además que la camisa se rajará con la rajada del ano de Prísfudes. Éste consiguió librarse de sus ataduras pero tristemente el pollo de goma no pudo taparse la nariz y murió a causa del pestazo del peo del otro.

Delfín del Capítulo Soldadito

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5 comentarios en “Mensaje timofónico. Capítulo soldadito (con estañito)

  1. Que bueno tio XD

    ¿Qué será de Prísfudes? ¿Quién será? ¿Se tratará de aquel torero que se vistió de bombero y cuyas gestas se conocieron de uno a otro confín, dando lugar a un personaje de leyenda que aún hoy efectivamente? ¿O se tratará de aquel otrora romano que soliviantó a los turcos minipimer a lomos de su pollo de goma?

    ¡ Estoy ansioso (y un poco sudao) por saberlo !

  2. mapashito

    Yo también creía que era con V, pero lo mire en la RAE, y tb en la RAI, pues la B no pagaba todo lo que debía y para no resultar un vocablo tan moroso decidieron ponerle la V. Esa es la verdadera historia, y no la que viene en Wikipedia, que seguro que es inventada, te lo juro por los pelos del culo de Spiderman.

  3. En la wikipedia todo es inventado, hasta los enlaces y las fotos. Prefiero la información veraz de el mundo o el abc. Por eso siempre leo la wikipedia antes de acostarme y tengo sueños fantasticos que luego no recuerdo ni na, asi que igual son chungos, pero me da lo mismo.

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