Cuento indeleble: El hombre y la tierra.

– ¡Y entonces me saqué la minga y le dije: “Como esta no será ¿no?”! – y a continuación se carcajeó de forma muda.

Observarle reir provocaba una sensación como la de meditar sobre higiene contemplando la parte trasera de una nevera oxidada. El pelo, de haberlo tenido, sería grasiento sin duda, y la piel le supuraba un denso sudor de penetrante olor. La ropa habría quedado de fábula en el armario del señor Barragán, de no ser por el hedor y el visible acartonamiento del tejido en las zonas de las articulaciones.

Reflexionando estaba sobre todas estas cualidades estéticas del camarero cuando se dio cuenta que no llevaba pantalones, sino una falda de los siete velos menos el dieciseis.

Y os preguntareis: ¿Por ciento?

Pues la respuesta es no sabe/no contesta, pero si no os gusta, os diré que sí.
Pero ¡Ay! (me he pinchado) que entraba en ese momento un herizo parlanchín, que llevaba h porque leyó en un blog de por ahí (o de por aquí) que era una letra huérfana, que iba diciendo:

– ¡Pibe, te podés ahorrar una pasta!

A lo que su interlocutor, le respondió:

– Mira, erizo…

– ¡Pibe, se le olvidó la hashe!

Tomando aire, el compañero del herizo contestó:

– Mira, Herizo, siendo sincero contigo te voy a decir una cosa…

– ¡Pibe! ¿Por qué ponés la negrita?

– ¡Porque me tienes hasta la poya! ¡Aquello era un anuncio! ¡Lo rodamos hace un año! ¡Yo soy de Jaén! ¡No soy argentino! ¿Vale?

– Pibe, no te comprendo…

Y acto seguido, el falso argentino de Jaén batió el record de pateo de herizo, no por longitud (el herizo era ahora arte moderno en la parte de ladrillo visto de la barra del bar a poco más de cinco metros de la situación que ocupaba en el momento del pateo), sino por la virulencia.

Yo tuve uno as� y se llamaba “Eddie”, como el bicho de los Maiden. Ver�dico.

Ooohh… que mono
¿Verdad?
Si, es mono… hasta que se pone a hablar de seguros.

El camarero, que continuaba riéndose del chiste de la vaca, le dijo al señor que acaba de cometer un hericidio:

– ¡Usted es Luís Aragonés!

– No, eso es falso: ¡Soy Luís Jienense!

– Hombre – dijo humillado el camarero – disculpe, es que se da usted un aire, si no fuese por el capirote, sería clavado.

– También dicen que me parezco a Julio… Julio…

– ¿Iglesias?

– No, Romero de Torres.

– ¡Que picarón! ¡Pintó a la mujer morena! – dijo el camarero, mientras metía los pies en la olla de callos.

– ¿Había ido a la playa?

– ¡No! Era una aberración de la naturaleza, mitad mujer, mitad morena.

– Le tuvo que dar fabulosos estipendios.

– Más bien le dio asco, aquello no había quien lo mirase.

Se desconoce si la modelo existio o fue un exceso de aguardiente.

H.P. Lovecraft se haría un paj[CENSURADO] a dos manos con esto.

– Pues le veo muy entendido en arte, para ser un camarero en piramide angular obtusa.

– ¡Eh, eh, que sea camarero no le da derecho a llamarme poliedro! ¡Que tengo mis estudios!

– Ah, perdón, entonces usted es…

– Feo, feo de cojones, mire mire – dijo el camarero, enseñando las nalgas y lo que frente a ellas poseía.

– Si, si que tiene los mandingos feos…

– Tendría usted que ver los tutsis entonces…

– Eso me lo dice mucho mi esposa. – dijo el falso argentino, mientras observaba cuidadosamente el manubrio del camarero, que ahora se afanaba en rellenar coquinas sin abrirlas.

– ¿Sí? ¿Qué le dice?

– Cuando le digo “Cariño, ¿soy gayer?” me responde “Tutsi, tutsi”.

– ¿No querrá decir que “Tu sí”?

– No creo, mi mujer siempre ha sido muy cariñosa conmigo…

– Claro, es que entonces usted la pinchará…

– ¡Ni se me ocurre! Entonces se desinflaría como un globo con vagina vibratoria opcional.

Al final de la barra, el cliente del principio seguía mirándolos, con expresión perdida, como de cervidáceo. El camarero reparó en el, lo que le dió brillo y un aroma a madera nueva sin igual, y le dijo:

– ¿Y usted? ¿Que piensa de todo esto?

– Bfffff… – respondió el cliente.

– Ya veo, ya… ¿otra de lo mismo?

– No, ya llevo bastante jagermeister por hoy, gracias.

Y poniendo un billete de tres mil yenes encima de la barra, se bajó del palo de gallinero y se fue a casa, rumiando sus cosas.

El bar, ahora, contenía dos personas de las cuales una olía mal y la otra era un asesino de herizos con H.

– Jamás en mi vida – dijo este último – había visto un ciervo hablar.

– Ni lo verá, ni lo verá… – dijo pensativamente el camarero – …era un alce.

Lo de la izquierda es un ciervo y no, lo de la derecha no es un locutor de la Cope.

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9 comentarios en “Cuento indeleble: El hombre y la tierra.

  1. mapashito

    Dios ( o más bien Satán), qué estilazo al más puro estilo Pedro Reyes + Tip.
    “La ropa habría quedado de fábula en el armario del señor Barragán”, si no fuiera por que al reirme hago ruido me reiría de forma sorda, o monja regalada. Precioso Luis, precioso!!

  2. Bicho

    Yo no soy Lovecraft, pero he de admitir que también me he hecho un pajot[censurado] con la foto de la morena con la palangana. Además le hescucho en El Larguero todos los días, es mi programa favorito y jamás escucharía otra cadena.

    Un saludo.

    P.D. Viva La Cope

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