Cuento indeleble: El ladrón de basuras

Erase una vez que se era-se una era que se vez, un bello día en Torrepepinos, esa ciudad gobernada por una zanahoria calva, y en la que todo es bonito y reluciente. Las mariposas revolotean por la plaza de la Nogalera: mariposas en forma de insecto por las mañanas, y mariposas en forma de gayers por las madrugadas. La gente caminaba hacia atrás haciendo el pino-puente, y los animales de compañía leían el periódico Le Mascotier en el que daban de promoción un hueso de regalo (por eso los perros argentinos se meaban en el hueso nada más tenerlo, pues le decían ¡¡regálo, regálo!!).

Las persónidas eran pulcras, tanto que tenían glamourgre encima de sus cabezas. No había suciedá, es más, estaba todo tan limpio que se habían llevado la d final de suciedad y se la daban de comer a los patos del parque. Incluso (que es un recluso que está dentro de la cárcel, pues si no sería outcluso) la gente monguer salía descalza a la calle y se ponía los zapatos solamente par entrar a sus casas, al contrario que los japoneses, que se ríen cuando pones en plural las palabras.

En todo este ambiente de pulcrituz y limpietuz, que es lo mismo pero dicho con una palabra falsa, existía un gnomo tocicleta de color negro esmeralda, así como violeta. El tío además de ser de color lila, y de ser lilaputiense (era bastante enano, o nano electrónico), tenía mucha, mucha mala leche, por eso era malvado. El ser más cabrón que parió Espinete (¿o no era pinete?). Odiaba la limpietuz, tanto, que se comía las bolsas de basura. Para él, comer bolsas de basura era como comer cacahuetes por la noche*. Y claro, las gentunicias del lugar estaban preocupadas. Empezaban a tener trabajo previamente. Un trabajo muy sencillo a la par que dos, y dos y dos son cuatro y me tiro un peo y te mato. No era otro que rellenar las papeleras, contenedores y demás recipientes de colores de bolsas de basura nuevas compradas en los chinos a un euro el kilo (aunque este dato no es relevante, yo me levanto y me vuelvo a levantar).

A las persónidas del lugar el tema ya le sobrepasaba con sobrasada la mente. Sus neuronas no aguantaban tal presión de no tener bolsas de basura donde echar sus desperdicios y se iban a jugar al trivial al riñón derecho y ya no se sabía más de ellas. Era como si fueran a comprar tabaco y cayeran por el camino en el triángulo de las desnudas, el cual es como el de las bermudas pero sin ropa.

Este fue uno de los letreros puestos por una persónida. El gnomo ñete le hizo caso y tó

Así que sólo les quedó una opción: pegar carteles en las papeleras, contenedores y demás recipientes de colores rogando al gnomo de naranja que no las robase. El tema surtió efecto, pero como la maldad del gnomo de limón es como la energía, que no se destruye sino que se transforma, empezó a robar calcetines usados. Ahora la ciudad estaba con limpietuz, pero en cambio las persónidas pasarían frío en sus pinreles por muuuucho, muuuucho tiempo.

*Ver: Epílogo de limón. Una aproximación a un ladrón

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8 comentarios en “Cuento indeleble: El ladrón de basuras

  1. mapashito

    La verdad es quee no se andandará el triángulo de los machotes, busca por la T a ver qué tal. La foto es buena eh? Es totalmente verídica, es decir que si vais con ídica la podéis ver XD

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