Thortamon, tierra ignota: Capítulo uve de vengüenzza ajena.

La hoguera iluminaba la escena con sombras danzarinas. Bueno, la iluminaba con sus llamas, las sombras las proyectaban las cosas iluminadas. ¡Cosas!

Peligo, atado a un árbol con una guita de esparto, estaba totalmente pelón. Su cuerpo, normalmente recubierto de una suave pelambre, estaba ahora como el culo de un mandril al que le hubiesen regalado una cuchilla de afeitar culos de mandril y la hubiese tirado por un barranco para luego pelarse el culo a pellizcos.

El bárbaro, al otro lado de la hoguera, tejía con las dos tibias del animal que ahora estaba ensartado sobre la hoguera, que desde ahora llamaremos “la cena”, un taparrabos usando como materia prima los pelos que otrora pertenecieron a Peligo.

– Ya verás, ya… – decía el Bárbaro – desde que aquella princesa me enseñase a hacer bragas sin costuras, he perfeccionado mi técnica en fabricar taparrabos, o como decimos en mi tierra, escondepelonas, y dentro de nada lo tendré terminado. Y entonces – levantó la cabeza mirando fijamente a Peligo, básicamente porque no había nadie más – tu y yo tendremos una conversación muy larga sobre cómo lo hiciste para enviarme a aquel dragón.

Peligo, atemorizado, aterido, atontado y con otros estados de ánimo que empiezan por “A” pero todos chungos, bajó la cabeza asustado (¿Veis? también empieza por “A”) pero al ver su otrora frondosa barriga ahora rasurada, levantó la cabeza asqueado (¡y ya van cinco!) sólo para recibir en la cara la deposición de un macanario* al que le había sentado mal su último kiwátano**. Añorando su anterior ausencia de problemas, empezó a sentirse baldío, como basura por dentro, mas que nada por cambiar de letra.

Pensaba en su casa, intentaba planear un plan (claro, no iba a planear un botijo…) para escapar de la soga aquella que le atenazaba el cuerpo y lo comprimía contra el árbol. Aunque bien es cierto que cuando aquel bárbaro le ataba, se puso palote en un par de ocasiones, cosa que achacó a su querencia al bondage, sin duda. Le carcomían los nervios y el hambre, y empezó a mascar rápidamente lo primero que pilló, en parte porque le carcomían los nervios y en parte porque le carcomía el hambre, como ya he dicho. Por cierto, había un grupo de trovadores gaylors por aquel entonces que se hacían llamar “Carcomía” y bailaban al son de tambores haciendo aspavientos con bragas de ogra amarradas a palos, y que lograron estar muy de moda en la ínsula de Ibiz Agh.

El bárbaro, que seguía afanado en sus tareas tejeriles o tejerienses (no confundir con Tejero, execrable personaje) no se percató que lo que Peligo vorazmente devoraba no era sino la guita de esparto con la que se encontraba sujeto.

Estaba libre. Y el bárbaro seguía ensimismado en sus labores. Raudo aunque sigiloso y taimado, Peligo empezó a rodear el árbol siempre con la espalda pegada al tronco, para ir así desapareciendo poco a poco del campo visual del bárbaro. Sin apartar la vista de éste, alcanzó la parte posterior del madero, y entonces notó un calor en la cara. Con más miedo que un gladiador desnudo frente a manifestación del orgullo gaylor, giró la cabeza sólo para encontrarse con una horrible cara animal que le respiraba en la cepa de la frente. Peligo, imitando al macanario y lléndose por la pata del mismo susto, cerró los ojos y huyó de la mirada de la repugnante bestia, bestia que era repugnante pero a la que a la vez repugnó el olor de las heces de Peligo, que hicieron que se alejara con un sonor bufido.

El bárbaro, que aunque absorto en la confección del taparrabos tenía entrenados los sentidos para que le alertaran ante cualquier amenaza, se incorporó de un salto sobre sus talones. Olfateó el aire, buscando que era lo que le había puesto en alerta, sólo para encontrarse con un maremagnum de esencias, a cual más desagradable. Olía a caca de cabra. Olía a rata gigante asada, su cena. Olía a perfume barato.

Pero sobre todo, olía a husmeadores***.

Sus ojos exploraron el bosque circundante, buscando alguna señal de peligro, y ya de camino, alguna señal de Peligo, del que percató su ausencia. Agachándose levemente, colócose el taparrabos, que por no estar terminado dejaba ver una porción de lo que debía tapar. Básicamente la porción final, la que parecía un niño con un pasamontañas o una cabeza de tortuga a medio salir del caparazón. Asiendo con fuerza una piedra, tensó sus músculos que brillaron a la luz de la candela candela, a la luz de las candelas, cuando pasan los romeros una salve rociera, esperando, atento, con más suspense que un capítulo de Lost.

Entonces, desde cada árbol del bosque saltó un husmeador, con las fauces abiertas y las garras desplegadas, impulsándose con sus cortas pero fornidas patas hacia el bárbaro, que estoicamente esperaba la acometida de aquella infinita horda bestial.

Bueno, realmente eran cinco, pero la épica es la épica.

El primer husmeador se encontró masticando sus propios dientes antes de saber que era lo que le había pasado. El regusto a piedra le resolvió alguna duda, aunque no vivió lo suficiente para contarlo.

El resto de husmeadores cayeron sobre el bárbaro, aferrándole cada uno de una extremidad (los de las piernas tuvieron un momento de duda sobre si el niño con pasamontañas era extremidad o miembro), derribándole y sujetándole contra el suelo. Entonces, con un brillo mágico y una malvada y magna parsimonia, Mariconisimigl emergió de entre las sombras del bosque ataviado con una túnica de seda negra, varios cinturones de cuero con remaches colgando de su cintura, rodilleras, guantes y máscara de cuero con refuerzos metálicos y unas botas que le llegaban hasta la parte media del muslo (empezando por abajo, claro). También llevaba una toquilla porque empezaba a refrescar en aquella época del año, aunque hay cronistas que dicen que no era toquilla sino mantón de manila, cosa extraña porque Manila estaba a varias dimensiones alternativas de allí.

– Muy bien, muy bien queridas bestias – dijo sonriendo, aunque a la bestia con la boca destrozada no le hizo ni puta gracia – veo que habéis capturado una buena pieza.

El bárbaro se revolvía, intentando zafarse de la presa de los husmeadores, sin éxito alguno, por cierto. Mariconisimigl, se acercó al bárbaro y se colocó a cuatro patas sobre su cuerpo. Con un teatral gesto, sacó de debajo de la toquilla un afilado cuchillo o una afilada daga, los cronistas tienen diferencias sobre este punto, pero el caso es que era algo afilado que fijo que tenía que joer, y acercó el arma a la nariz del bárbaro, poniéndola justo en la parte que está entre los dos boquetillos, que ahí ya duele cuando te sale una espinilla de mierda, imaginad lo que jodía la punta del cuchillo ahí dando todo el rato.

– Y bien, mi bárbaro amigo, ¿dónde está esa bolita de pelo apestosa?

El bárbaro, luchando contra la implacable presa de los husmeadores patilargos, no ofreció respuesta al malvado elfo oscuro.

– No te lo volveré a preguntar – dijo Mariconisimigl, empujando un poco más el cuchillo y haciendo que de el “entreboquetillo” de la nariz del bárbaro brotase una brillante y redonda gota de sangre.

– No sabes como me alegra eso – dijo el bárbaro – porque así no tendré que volver a escuchar tu repugnante voz.

Y dando un golpe de cadera, golpeó el trasero del elfo con su… con su… con lo que parecía un niño con pasamontañas, haciéndole perder el equilibrio y caer sobre uno de los husmeadores, que liberó la presa de su pierna derecha, cosa que el bárbaro aprovechó para patear en la espalda al husmeador que sujetaba su brazo izquierdo (cosa que era físicamente imposible pero el bárbaro lo consiguió, no me preguntéis cómo). De un sólo movimiento consiguió que los otros dos husmeadores que contra la tierra le aferraban se encontrase con una mascá en la cara y el otro con una patada en sus partes. Así liberado, el bárbaro agarró una piedra categoría”Enorme Ñusco” con la que en cuatro segundos aplastó otros tantos cráneos de aquellas alimañas, y luego, chorreando sudor y sangre, se volvió hacia Mariconisimigl, que lejos de tener una mirada de odio, miraba al bárbaro como una adolescente miraría a Ricky Martin si saliese desnudo del interior del armario de su cuarto mientras su perro le lamía los circundios de su órgano urinario.

– Vamos a ver, elfito… – dijo el bárbaro – Te lo voy a poner muy muy clarito. A partir de ahora el que hace las preguntas soy yo. Y si no te gusta, piedra ¿está claro?

Mariconisimigl, que empezaba a notar una amplia erección, no encontraba palabras para responder al bárbaro.

– Me tomaré tu silencio como una afirmación. Quiero saber quién eres, quién es tu amo, que cojones quieres de mí y sobre todo, por qué te interesa tanto ese pequeño engendro.

El infame elfo, tomando aliento, respondió en un murmullo:

– ¿Si te respondo a todo… qué… ¿Qué harás conmigo? ¿Me pegarás con la piedra? ¿Me atarás? ¿Me maltratarás?

– Si me respondes y me complaces, te dejaré ir.

– ¡Entonces callaré!

Con un suspiro, el bárbaro sopesó la situación unos instantes.

– Va a ser una noche muy larga – dijo, y se acercó al malvado elfo, que le aguardaba en el suelo, contoneándose como una pequeña serpiente de cascabel que esperase aparearse con una anaconda gigante.

Mientras tanto, Peligo había aprovechado la confusión para poner tierra de por medio. Corrió y corrió con sus cortas patas hasta que no pudo más, y cayó al suelo, desfallecido, extenuado, guasnio vamos. Notó una presencia tras de sí, y al darse la vuelta contempló con estupor la monstruosa faz de un husmeador patilargo, el de la pedrada en la cara, que le había seguido hasta allí. Peligo, haciendo acopio de valor, hizo lo único que podía haber hecho, lo único que cualquiera de nosotros en una situación de extremo peligro para nuestra vida habríamos hecho.

Peligo se quedó inmóvil del mismo acojone.

El husmeador se acercó peligrosamente, Peligo ya podía oler el fétido aliento a ajo cuando un destello de luz dejó al husmeador sin nada desde el cuello hacia arriba. El resto del cuerpo, por supuesto, dejó de vivir al carecer de cabeza. Peligo, aún deslumbrado, buscó entre las sombras el origen de aquel destello mágico que acababa de salvarle la vida, hasta que vió como una silueta recortada contra la luz de la luna se acercaba hacia el. Había algo familiar en ella. La silueta le tendió la mano y le dijo:

– Levanta niño, que estás todo el puto día en el suelo.

Sin saber por qué, Peligo sonrió, y de repente, recordó el nombre del extraño.

Era Justiano, el mago que conoció hacía años y que olvidó hacía años también. Cosas de cumplir para atrás.
* Macanario: Animal de origen mágico mezcla de macaco y canario. Se le suele encontrar en bosques, selvas y tiendas de animales, ya que además de cantar perfectamente, son capaces de aprender a barrer la casa y hacer otras monerías. No se le puede mojar ni alimentar después de la media noche, básicamente, porque se resfrían con lo primero y tienen digestiones pesadas con lo segundo.

Macanario entonando su cantinela de apareamiento “Ven cordera que se te ve el refajo”

Un macanario, como lo dibujó el insigne zoólogo Piter North. Justo después, abandonó sus estudios y se dedicó al porno.

** Kiwátano: Cuando el mago que creó a los macanarios terminó su experimento, se dió cuenta de que sus especímenes morían a las pocas semanas. Intrigado por ello, investigó hasta encontrarse con la certeza de que sus especímenes también necesitaban comer. Movido por una absurda lógica que sólo en la cabeza de un mago podría morar, inventó el Kiwátano, exótica fruta mezcla de plátano y kiwi y que sabe a gominola de melón.

Engorroso de comer el kiwátano, dadas sus dos cáscaras.

Un kiwátano en todo su esplendor. Y sí, tras ver esto, hemos despedido al tio que nos hacía los montajes.

*** Husmeadores patilargos: Naturales de la provincia de Plenswok, estos bichos se caracterizan por sus largas patas delanteras y por desayunar pan con aceite y ajo todas las mañanas, acompañado de un cubo de inmundicia de establo para beber, lo que hace que su aliento sea temido por el resto de criaturas de Thortamon. Son hermafroditas, poseyendo ambos sexos en el mismo órgano, por lo que no es raro verlos absortos con la mirada perdida y una amplia sonrisa en la época de celo. Entre ellos la poligamia no es que esté mal vista, es que es imposible, por lo tanto.

No, os juro que yo dibujo mejor que esto, que s� hombre, que s�…

Ilustración de husmeador típico, tal y como se recoge en el libro “Bichos con pito y toto a la vez”, del insigne profesor Hans Alido Vuelvaluego, de la escuela Thortaniana de estudios absurdos.

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5 comentarios en “Thortamon, tierra ignota: Capítulo uve de vengüenzza ajena.

  1. Bicho

    Jajajaja. Magnífico capítulo. Diría que lo ha escrito Terry Pratchet si no abundaran expresiones como guasnío o pelona y si el pobre no tuviera alzhéimer, claro está.
    La escena del árbol me ha recordado a otra escena en la que aparece un átbol y que no tiene nada que ver, pero lo pongo porque me hace gracia:

    P.D. La boca del macanario parece la de una muñeca hinchable.
    P.P.D. ¿El kiwi de dentro ya viene partío por la mitad?

  2. Gracias compañero, mas quisiera o quisiese (quisiese o quisielotro) paracerme yo a Terry Pratchet, maestro entre maestros.

    Agradabilísimo el video del árbol, recomiendo su visualización 😄

    La boca del macanario te juro que es de un canario. Ya no sé si sería un canario hinchable.

    El mago que diseñó el Kiwátano estaba un poco borracho ese día, sí…

  3. John McKlain

    Igualmente, rubiaca.

    Precioso capitulo Luis. Gran trabajo de lingüistica y de gramástica, si me apuras. Lo tuyo no es verbo florido, es prosa polinizada, si me vuelves a apurar. Y si me sigues apurando voy a empezar a oler a faria.

    Y con esas notas de humor homo-eróticas nos van a llover los visitantes gaylors 😄

  4. mapashito

    Con G de grandioso, con U de Uyyyy yuyuyuyuy (entiéndase por ello el famoso gemido tomatil), con A de arte, con R de regalo para mis sentidos, con otra R de reventao de la cabesa, y con una A de fenómeno. ¡Coño!, ¿en que estaría pensando?, una GUARRA!!!!
    Ya, hablando sin acrónimos, la historia va creciendo capítulo a capítulo, monguer! Mu guapo guan! El macanario y el kiwátano son brutales. Por cierto, muy bueno el guiño a Plenswok ;). A lo mejor lo continúo jej

  5. Gracias a todos por vuestros ánimos y gracias a nuestros lectores, que con sus donaciones han hecho que alcancemos la histórica cifra de 0€, dinero que irá a parar a la ONG “Diarrea sin fronteras”, de próxima creación.

    Un saludo y no olvideis que la navidad es un timo, es una treta para que nos emborrachemos todos y nos matemos en las carreteras, y así el gobierno baja la tasa de paro. Por todo esto y porque te queremos seguir viendo por aquí, anónimo lector, si vas a conducir, NO BEBAS.

    Mejor tráenos la priva a nosotros, que sabremos procesarla debidamente.

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