Cuento indeleble: Hacia Belén va una burra rin rin

– Menchor ¿queda mucho? – dijo Bastasar.

– No estoy seguro. – respondió Menchor.

– ¿Ves la estrella?

– No estoy seguro.

– ¿Ves a Gaspart?

– No, a Gaspart estoy seguro de no verlo.

– ¿Ves al niño? Jesús

– ¿A quién?

– ¿Tu no has estornudado?

– No, que va… habrá sido el camello.

– Sí, he sido yo. Y os tengo dicho que yo tengo una sóla joroba, así que no soy camello, soy dromedario. – dijo el camello. Perdón, dijo el dromedario.

– Siempre me he preguntado de donde vendría el nombre de dromedario.

– De la enciclopedia, lo ponen para joder. – dijo el dromedario – Con lo fácil que sería “camello” para el de dos jorobas y “camello sport” para el de una.

– ¿Y si tuviéseis tres? – inquirió Gaspart, que salió de debajo del dromedario.

– Camellovolumen. O camellon vagon. Ya dependiendo la marca, podríamos ser Camellazira o Xsara Camellasso.

– ¡Anda! ¡Mirad allí! – exclamó el concejal de fiestas y crucifixiones de Herodes, tras lo cual se diluyó en el recuerdo.

– ¿Dónde, dónde? – preguntaba Bastasar, mirando en el fondo de una tinaja.

– ¡Allí, si, yo también lo veo! -exclamó lleno de gozo un pastorcillo recurrente – ¡Luces coloridas! ¡Son una señal, seguro!

– ¿Seguro? – respondió Gaspart, intentando meterse un cabritillo entre la entrepierna sin que se le notase.

– ¡Allí, si, yo también lo veo! -exclamó lleno de gozo un pastorcillo recurrente – ¡Luces coloridas! ¡Son una señal, seguro!

– ¿Pero tu estás seguro? – volvió preguntar Gaspart, que casi tenía el cabritillo completamente hospedado en la bragueta.

– ¡Allí, si, yo también lo veo! -exclamó lleno de gozo un pastorcillo recurrente – ¡Luces coloridas! ¡Son una señal, seguro!

– ¡Basta ya! – dicho Menchor. – Vayamos hacia las luces, a ver que hay allí.

El pastorcillo girose sobre su eje Z, y se quedó mirando la blanca pelambre rizada que asomaba sobre el fajín del pantalón de Gaspart. Atribulado, Gaspart aclaró:

– No, no es uno de tus cabritillos. Es que soy albino en los pelos de los güevos.

Gozoso pero con reticencia, el pastorcillo se fue de allí apesadumbrado, pesadumbre que se le pasó ipso facto cuando se tiró a reticencia, la única mujer con el nombre propio en minúsculas.

Un rato mas tarde, los tres hombres y el camello sport se encontraban bajo las brillantes luces. También había un muchacho con un dedo metido en una fosa nasal, pero se fue prontito porque empezaba muchachada nui y no se lo quería perder, aunque este pobre muchacho jamás vio ningún capítulo porque la tele no existía. Años después lo encontraron sentado en una butaca mirando un cuadrado pintado en la pared.

Bastasar, mientras tanto, miraba un mapa del centro de la ciudad, de esos gratuitos, que tenía agarrado al revés.

– A ver, se supone que estamos aquí…

– Bastasar, eso es publicidad de una peluquería íntima. – dijo Menchor.

– Si, si, err… aquí, quería decir aquí – dijo Bastasar, apuntando a otro lugar del papel.

– Bastasar, eso es publicidad de una tienda de cortauñas. – dijo Gaspart, acomodándose todavía el cabritillo en la entrepierna.

– ¡Vale, basta! – gritó Bastasar – ¡Basta ya! ¡Sí! ¡Es verdad! ¡Soy ciego! ¡He intentado ocultároslo, ocultárosle, ocultásele, pero al final me habéis pillado!

– No lo había notado – dijo Menchor.

– Ni yo, ni yo – dijo Gaspart, que realmente no sabía de que hablaban, absorto como se encontraba intentando ocultar el cabritillo, que por cierto, confundió la cosa de hacer pipí de Gaspart con una zanahoria, y dábale mordisquitos gozosos.

– Bueno, da igual – dijo Bastasar – decidme que veis.

– Un puticlú, una sucursal de Banco Bilbao Judea, y un portal de belén. – dijo Menchor.

– El culo de un cabritillo. – dijo Gaspart.

– Vale, vamos hacia el portal entonces.

Y hacia el portal se encaminaron cuando, de improviso, sin intermitencia ni ná, les adelantó una burra que iba perseguida por su correspondiente burrero.

– ¡RIN RIN! – hacía la burra soplando una flauta de pan que llevaba colgando de la boca.

El cabritillo entonces, saltó de la bragueta de Gaspart, comiéndose el pan y dejando a la burra con una flauta común en la boca. Gaspart entonces salió corriendo tras el cabritillo.

– ¡Mi flauta! – dijo la burra.

– ¡Mi burra! – dijo el burrero.

– ¡Mi amigo! – dijo Menchor.

– ¡Mi pelona! – dijo Gaspart.

– ¡Mi lagro! – dijo Bastasar – Quiero decir, ¡milagro! ¡puedo ver!

Todos se volvieron y preguntaron al unísono:

– ¿¿¿EN SERIO???

Y Bastasar respondió.

– No, la verdad que no.

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11 comentarios en “Cuento indeleble: Hacia Belén va una burra rin rin

  1. Por cierto, a los que me lo habeis preguntado: Esta historia acaba aquí, no hay ni habrá segunda parte, ni continuación, ni spin off ni poyas, esto se queda aquí y punto.

    Gracias por vuestra comprensión. O incomprensión. O lo que sea.

  2. mapashito

    Qué grande eres! Y no lo eres más porque Satán no te dotó con más centímetros, que son los metros que centimos en pasado. Centimos, centavos y pesetas, pero estás últimas ya no valen.
    Muy bueno el Banco Bilbao Judea, por cierto me ha contado el cagón, el pastorcillo ese que nunca termina de echar el mojón en los belenes, que el BBJ da ahora unas hipotecas estupendas, sobre todo si eres artesano, panadero, herrero o figurita de barro u/o/y escayola berrocal.

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