Cuento indeleble: Pétreo y el anciano.

– Si hijo mio, así es la vida. A veces pasas de las cosas por encima y otras veces son las cosas las que pasan por encima de tí.

Estaban a la sombra de un árbol. El anciano fumaba su pipa mientras sostenía a Pétreo en su regazo. Era un regazo mullido, cómodo, y tenía un pokemon por una parte y el logotipo de las patatas por el otro. Pétreo mientras tanto observaba el valle que bajo ellos se abría, y la puesta de sol que lentamente sumía el valle en sombras, mientras tintaba el cielo con un millar de colores diferentes. La pena es que este cuento está escrito con pocos recursos, así que estaba todo en blanco y negro.

– Padre.

– ¿Sí, Pétreo, hijo mio?

– Padre, tengo que confesarle una cosa…

– Sí, dime, Pétreo, carne de mi carne…

– Es sobre eso, padre…

– ¿Sobre mi carne?

– No padre, sobre la mía… padre, he guardado un secreto todo este tiempo…

– ¿Cual?

– Padre, yo soy…

– ¿Qué, hijo mio, qué eres?

– Padre, soy una piedra.

– ¿Qué dices, Pétreo?

– Ya, ya, sé que es difícil de creer…

– No, Pétreo, hijo, es que estoy sordo como una tapia…

– Que apropiado. Yo soy una piedra y mi padre como una tapia…

– Y tu madre también, hijo mio, como una tapia…

– ¿De sorda?

– No, de plana. Parecía en dos dé. Pero yo la quería igual, porque fue la única que se fijó en mí… todavía la recuerdo vendiendo cupones el día que nos conocimos…

– Es que padre, le tengo que confesar otra cosa…

– ¿El qué?

– Padre, que me quiero hacer tronco.

– ¿Cómo?

– Sí, padre. Tronco. He sido piedra toda la vida pero ahora quiero ser tronco. Le veo más futuro.

– ¡Un hijo mio jamás será tronco! ¡No mientras yo viva!

– Pero padre, fíjese usted las posibilidades. Iré creciendo, haciendo fotosíntesis y cosas de esas, y un día vendrán y me cortarán e igual me convierten en palillo de dientes de Ferrán Adriá o en folio de Arturo Pérez Reverte, o en somier de tablas de Aria Giovanni…

– ¡Estás loco! ¡Ser tronco es muy arriesgado! ¡Y cuando talan, duele!

– Sí, padre, pero está decidido…

– ¿Y si viene un incendio forestal? ¿Un fuego fatuo? ¿Unos grabando peos en llamas para Jackass?

– Lo siento padre. Soy inflexible.

– Claro, eres una piedra.

– Ya, fueraparte, pero que eso, que quiero ser tronco.

– Pues mantengo lo dicho. Por encima de mi cadaver.

– Si te empeñas…

Y haciendo una seña (como demonios hagan las señas las piedras), el árbol que hasta entonces les daba sombra le dió una patada en el ojal (como demonios den las patadas los árboles) al pobre anciano, precipitándolo por el precipicio con el prepucio preponderante proyectado hacia otra palabra que empieza por pr pero que ahora mismo no encuentro.

Mientras caía, a una velocidad de 9’81 m/s, el anciano sintió la necesidad imperiosa de decir:

– Tienes que saber una cosa, Pétreo. Tu madre no murió por una mordedura de ladilla. A tu madre la maté yo… ¡YO! Tu madre era una piedra ignominiosa, tu madre era una piedra adúltera, tu madre era una piedra de toque, y yo sé bien lo que me digo. Así que tuve que emparedarla. Si hijo mio, la emparedé, y llegó un oso pardo con sombrero y corbata acompañado de otro con pajarita, y se la comieron. ¡A tu madre se la comió un oso! ¡Jaaaaaaaaajajajaaaaaaaaaa!

PLOF.

Con aquella pena en su corazón de saber que su madre había tenido el mismo final que los almuerzos de los excursionistas, Pétreo vivió muchos años, pero llegó a ser feliz como tronco. Dio sombra cuando había sol. Se mojó cuando llovía. Unos enamorados vinieron un día y tras hacer el amor, labraron en su corteza sus iniciales.

– Mira, Mari Joe, me he llenado de sabia.

– Sí, sí, sabia, después del espectáculo que me habéis dado… – pensaba Pétreo para sí.

Y cuando llegó su momento, vinieron a talarlo.

La pena es que acabó como rollo de papel higiénico en casa de Carmen de Mairena.

De todo esto se saca una valiosa lección sobre la vida:

Ya me la contaréis que yo no la acabo de ver.

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8 comentarios en “Cuento indeleble: Pétreo y el anciano.

  1. Bicho

    Sin duda de ser algo relacionado con Aria Giovanni, hubiése elegido haber sido plástico para su dildo, textil para sus bragas, o incluso Tena Lady para sus gotitas de orina.
    Por otro lado (por el culo, por ejemplo), caer a una velocidad de 9′81 m/s ha de suponer una caída de gravedad, no?

  2. mapashito

    Volvemos al candelabro, como dijo la erudita Sofía Mazacats. Sin duda uno de los mejores exponentes de la narrativa surrealista contemporánea, y sin temporánea también. MGG! (Mu Guapo Guan!)

  3. John McKlain

    Aunque claro, la moraleja podria ser “mas vale piedra en el campo que papel en el ojete” o bien una urbanización de Madrid. No estoy muy seguro asi que voy a pedir el comodín de la mamada.

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