Cuento indeleble: Clase magistral y tal

– Por otro lado  – dijo el profesor – no es aceptable una confutación de los berrioles. Abran sus portátiles, por favor …

El aula magma de la facultad, que estaba cercada de lava ardiente, se movió en frenética actividad, como una sola persona que fuese al vater pasando apuros, y cientos de ordenadores portátiles y uno de fisher price aparecieron frente al alumnado.

El profesor, que paseaba entre el escenario y el pleistoceno, se quedó mirando a un alumno de la tercera fila.

– Disculpe ¿Eso que es?

– Es que estoy pobre de recursos, paupérrimo diría yo, y como no tengo portátil, me he traido el portero electrónico del piso de al lado.

– Ah, ya veo, ya. ¿Y cómo piensa acceder a internet con ese amasijo de cables?

– Pues… – el alumno se atribuló e incluso se atribuyó varios delitos que no había cometido. Enterró su barbilla en el pecho y la verguenza se apoderó de él, tanto tanto, que las lágrimas empezaron a florecer entre el resto de alumnos que presenciaban aquella almodovórica escena.

Entonces, en la puerta del aula, aparecieron un negro cachas, un tio con una gorra, un señor viejuno con el pelo engominado hacia atrás y un muerto dentro de un ataud. El alumno se giró y cuando los vió, saltó de su pupitre y no sin varias contusiones subió la escalera hasta donde estaba el extraño grupo.

– ¿Dónde vas, insensato, insensible, insalubre? – preguntó el profesor.

– ¡¡¡ Me marcho de aquí !!! ¡¡¡ Me voy con el Equipo A !!!

– ¡Chachachachachan! ¡Chanan nan! ¡Cha nan nan! ¡Chanananan chan chan!

Una música fanfárrica, e incluso también, por qué no decirlo, fanfarriosa o fanfárrable comenzó a sonar por todo el aula, hasta que otro avergonzado alumno le bajó el volumen a su portátil, por lo que aparte de silencioso quedó bastante mas Finito de Córdoba.

– Bueno, a ver si podemos continuar… vayan a la siguiente dirección web, que les marco en la pizarra con el pizarrín…

Subido a una banqueta y con las manos apoyadas en la pizarra, el profesor comenzó a restregar, mediante contoneos de cadera, su pizarrín contra la pizarra, con el resultado de una pizarra repugnante, una irritación en el pizarrín y con él mismo irritado por su irritación.

– ¡Profesor, profesor! – exclamó uno de los alumnos, que aunque no estamos seguros, era un hijo nonato de Cayetana de Albal, la duquesa de aluminio.

– Sí, sí, dígame, joven impúber.

– Profesor, tengo que salir un momento.

– ¿Por qué debe salir? ¿Sabe usted las connotaciones incluso teológicas que tendría eso? – dijo el profesor, mientras encendía un puro habano, que aunque puro puro no era porque estaba hecho en made in china, a el le gustaba porque al ser de plástico le duraba más. Por cierto que para encenderlo usaba su propio pizarrín, que de tanto roce había adquirido las propiedades de un encendedor de coche, tanto por el color de su punta como por el calor desprendido.

– Profesor, es que tengo a la rata asomando el hocico, se acerca el tren al final del túnel, tengo el ojete oprimido, hay que liberar a Willy, necesito expandirme por el mundo, tengo que dejar un legado para la humanidad, siento que llega el momento de que una parte de mí me diga adios, necesito parir por el orto, darle la vuelta al pulpo, descomer, tengo que entregar un paquete, debería sacar la basura, voy a soltar lastre…

– ¡Eh, a mi no me metas! – era Carlos Lastre, disfrazado de la Pan Toja, que era una tonadillera que comía pan con jabón.

El profesor pedía silencio, y le trajeron dos tapers llenos, que se apresuró a abrir con el consiguiente efecto: ninguno.

Como la mitad de los alumnos estaban bastante distraidos mirando la cara de apuro del alumno que tenía un problema sin resolver en el recto y la otra mitad cantando “Drácula Ye-yé”, el profesor se marchó de la clase, saltando por encima del rio de magma y ganando un +1 en AGI.

Una vez en el claustro de profesores, cogió un libro y se puso a leerlo cómodamente, colocando los talones sobre las espaldas de un alumno que, dicho sea de paso, no era más que una alegoría.

Y entonces entró un caracol con piernas vestido de corto y saltó por la ventana.

– Vaya – dijo el profesor – este cuento se acaba.

Efectivamente.

FIN

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4 comentarios en “Cuento indeleble: Clase magistral y tal

  1. mapashito

    jajajajaaj Hacía tiempo que no me reía tanto, te has pasado cabroncete, muy bueno. El detalle de Fisher price me ha matado, y la Pan Toja y los tapers un gran descojoncio.
    Añado más sinónimos, que como sabéis no tienen ónimos, esa es la causa por la cual las palabras se parecen unas a otras:

    – Echar troncos al aserradero.
    -Hacer un trabajo que nadie puede realizar por tí.
    -Dar lo mejor de tí mismo.
    -Hacerle una entrevista a Roca.
    -Poner una pica en Flandes.
    -Plantar pinos para la reforestación de los Montes de Málaga.
    -Soltar una boya.
    -Abonar el campo.
    -Construir submarinos en el astillero blanco.
    -Liberar a nuevas especies.

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