Las desventuras desvestidas del Niño Monguer. El Niño Monguer se va a los San Fermines

Cuando el Niño Monguer deja su hogar para viajar a Pamplona el pan sube quince céntimos. Al Niño Monguer no le gustan los toros, aunque lleven minifalda o un reloj casio negro (no, no, qué va, ha sio chino) abrochado en la pata delantera derecha, aunque la tuercen para poder correr. En realidad, el Niño Monguer va a los San Fermines para tantear el ambiente, así, cuando sea mayor, es decir, alcalde de una ciudad estadounidense, podrá beber agua y comer palomitas de mantequilla. Ya que estos alimentos los tiene prohibidos durante su infancia.

El Niño Monguer siempre viaja solo, aunque a veces también con leche o incluso solo y con hielo. Nunca lleva muda de repuesto, casi siempre se lleva a una sorda. Se hincha de hablar durante todo el camino pero la otra nunca le hace caso, porque tiene las orejas de plastilina Morgan Freeman Tecado Mingo. Como el Niño Monguer no trabaja, no tiene dinero para alquilar una noche de hotel. Por eso siempre lleva un paquete de 500 folios A-4, y se construye pequeñas casitas de Origami para poder dormir en la calle. Cuando por la mañana se despierta, deja a la sorda al cuidado de las casitas mientras él se va a comprar pipas del elefante gayer para desayunar. En ese momento la sorda aprovecha para comerse las casitas de papel y cambiarlas por cáscaras de plátano manco y botes de nocilla caducados.

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Las desventuras desvestidas del Niño Monguer. El Niño Monguer sale a comprar tabaco

Cuando el Niño Monguer sale a comprar tabaco, las palomas de la plaza del pueblo se van a la librería “I Book on Mondays” a comprarse el Quijote. Forman una cola enorme y el dependiente adolescente con granos en las mejillas y cara de culo de oso muerto se hace un lío al cambiar por euros el maíz y los trozos de pan recolectados por las aves.

El Niño Monguer no fuma, dice que el tabaco es malo para los niños, por eso cuando él compra tabaco le pega en el culete de filtro a los cigarrillos Malrollo por haberse portado mal, los pone de cara a la pared, y justo en ese momento las palomas le llevan los libros de Don Quijote de Thortámon, que come huevo con mucho jámon, y se los endiña en sus manitas de rizado tabaco a los cigarrillos mancos. -¡Es el castigo que os merecéis!- espeta de sardinas el Niño Monguer. Los cigarros, al no poder soportar el peso de tal magna obra, se parten por la mitad, es decir, en 7 cachos, y son utilizados por el Niño Monguer para hacer el sofrito de la paella, que no que es pa él, que no que es pa ella, ñoco!.

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Las desventuras desvestidas del Niño Monguer. El Niño Monguer va a la escuela

El niño Monguer

El Niño Monguer no anda, va en mochila. Mochila es un gran lagarto-dinosaurio de Janeiro que en vez de tener brazos tiene asas en las espalda y ruedecitas en vez de patas, o palante.
Cada mañana el Niño Monguer se despierta justo cuando termina de abrir los ojos. Se levanta de debajo de la cama y se viste al revés. Primero se pone los pantalones en la cabeza, acto seguido mea en un zapato. Luego mete al gato en el bolsillo de la camisa y por último, se pone unas castañuelas a modo de tapacubos. ¡Claro! Usa tapacubos porque tiene la cuca como una rueda de camión.
Le da un besito en el coño a su padre y se va andando hacia atrás hasta la parada del autobús, que es una bicicleta marca MORGAN DODACUI con 52 plazas en vertical, es decir, de abajo hacia alante.

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