Nuca es darde si se guella nandes: Catípulo zied.

Tras una ducha y una dosis de ibuprofeno que sería letal para alguien con menos corpulencia, carácter o redaños, Gómez comenzó a sentirse mejor. Y tras expulsar una colonia de pulgas del sillón orejero, también comenzó a sentarse mejor. Conectó la televisión, haciendo tiempo hasta que llegase Angelote, que había ido a su casa a adecentarse un poco también y a quitarse la sombra de ojos y el carmín. Dos segundos después, estaba dormido.

Soñó con muchas cosas, que tampoco es que fuesen… así que…

Cuando despertó vio en la televisión como una muchacha en ropa interior le ofrecía sexo seguro si llamaba a un número de una vidente que le regalaría 10.000 euros si encontraba la palabra “gato” en un panel de cuatro letras.

Obviamente, estaba sobre el mando a distancia, tumbado concretamente, y le daba con algo al botón de “Siguiente canal”.

Sí, ese algo que normalmente se despertaba diez minutos antes que el y que confería a la ropa interior la categoría de “Tipi para clics”. Seguir leyendo “Nuca es darde si se guella nandes: Catípulo zied.”

Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo nueve.

Gómez y Angelote llevaban un rato dando vueltas en el descapotable. Abstraidos en sus pensamientos y reflexiones, no reparaban demasiado en lo que les rodeaba. Parecía que no se moviesen del sitio, sus ánimos estaban tan mermados que tenían la sensación de ver una y otra vez a la misma gente.

Entonces sonó la sirena, y se bajaron del tiovivo.

– ¡Otra vez! ¡Otra vez!

– No Angelote, llevamos tres horas dando vueltas en ese maldito cacharro, creo que podríamos gastar el dinero de nuestro despido en algún otro lugar más acorde a nuestra condición de rudos policías.

– ¿Dónde, en un puticlub?

– No, nada más lejos

– ¿Entonces, en un bar depresivo lleno de humo?

– No, nada de eso ¡Me refería a que hay un coche de choque vacío allí! Seguir leyendo “Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo nueve.”

Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo más chulo que un ocho.

Grandes explosiones nucleares estallaban por todas partes, generando verdaderas olas de fuego y radiación, radiación ésta que viajaba a la ostia de velocidad por el espacio sólo para chocar contra el paraguas de papel que hacía que los hielos del vaso no se derritiesen. Alguien con un oido superfino y que entendiese el idioma de las radiaciones, podría haberlas oido exclamar al chocar contra la sombrilla:

– ¡Joé!

Pero como no era así, el mundo seguía ajeno al drama de las radiaciones solares.

Bien es cierto que las radiaciones se tomaban su venganza, sobre todo en la costa y con gente de los paises nórdicos, como por ejemplo Finlonpia, Dinamorcar, Nosuegra y otros.

Precisamente de este último país, de otros, uy perdón, de Otros, era el señor que había abonado (en su acepción de pagar, no es que se hubiese aliviado el recto encima) aquel riquísimo combinado exótico que no había un dios que se bebiese.

Ahora, eso sí, en la foto quedaba precioso. Nada que ver con el aburrido vaso que tenía enfrente, ni con su depresivo color, ni con su tediosa sombrillita, ni con sus agonizantes cubitos de hielo. Seguir leyendo “Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo más chulo que un ocho.”

Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo Se7en

[Modo David Fincher: On]

La habitación estaba sumida en una sucia penumbra. El olor del dogo disfrazado de dálmata sumiso lo impregnaba todo. En las paredes el papel pintado, de fondo color ocre y con adornos que una vez fueron flores color marrón y que ahora parecían las fantasmagóricas caras de los desdichados residentes de aquel inmueble, caía por su peso y por la incapacidad de la cola para mantenerlo pegado al muro, eso donde no estaba simplemente arrancado. Las sábanas estaban cubiertas de mugre y polvo. La tenue luz que entraba por entre las tupidas cortinas iluminaba millones de ácaros y motas de suciedad que se mantenían suspendidas en el aire, formando nubes de podredumbre que se movían danzando de forma malsana.

Paco Martínez Huesca estaba inmóvil, mirando fijamente a Gómez, acariciando levemente al perro. Gómez trataba de no prestar atención al olor a orina y humedad que intentaba abrirse paso desde sus fosas nasales hasta su estómago. Mirando a Paco, exclamó:

[Modo David Fincher: Off] Seguir leyendo “Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo Se7en”

Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo Zai

Gómez tenía los pies apoyados en los talones, que reposaban encima de la mesa. El resto de su cuerpo pendía de los talones y aguantaba parte de su peso en sus posaderas, que no eran de esas posaderas que van con corpiños ajustados y una jarra de cerveza en una bandeja, sino las posaderas que son el culo, que por cierto se encontraban encima de un sillón de eskay colorado monísimo. En la mesa del despacho donde apoyaba los talones, se agolpaban expedientes criminales sin leer, fotocopias de otros expedientes, también sin leer, expedientes del forense que aún no había leído, varios expedientes antiguos que ni siquiera habían sido recorridos fugazmente por sus pupilas y un releído (o al menos revisto) y acartonado expediente que se llamaba “Hotel Culitos calientes”, referente a una redada en un club de alterne de la ciudad.

Obviamente, ese expediente incluía fotos. Seguir leyendo “Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo Zai”

Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo 4+1

En el suelo había una pelusa del tamaño de un euro. Sobre la pelusa, reposaba un tope de goma, y sobre el tope, una barra metálica que ascendía hasta introducirse en un cilindro. El cilindro estaba atornillado a un tablero de aglomerado con viruta vista. Cubriendo el tablero había un mantel a cuadros rojos y blancos y encima del mantel había unos platos descacarillados, y por fín, encima de los platos, dos bocadillos de zurrapa con manteca colorá, de los que Gómez y Angelote daban buena cuenta acompañándolos de una cerveza cada uno.

– Pfrof prfof prof – dijo Gómez, mientras Angelote daba otro bocado a su bocadillo.

– Brof furf brog – respondió este, mientras las migas saltaban de un lado a otro de la mesa, aterrizando en el bocadillo ajeno o en la cerveza, mientras que otras partículas de pan volaban directamente hacia la cara del otro, quedándose pegadas por la parte en la que estaban untadas con el grasiento producto. Seguir leyendo “Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo 4+1”

Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo 4

En otro lugar, lejos de la morgue, un teléfono sonaba insistentemente. Una figura cetrina y corpulenta, vamos, de cuerpo lento, salió de la oscuridad y respondió a la llamada.

– ¿Sí?

– Buenas tardes. ¿El señor Cresporiano Céspedes?

Su semblante cambió de expresión. Nadie le llamaba por su nombre y apellidos si no era porque le esperaba un nuevo encargo.

– Sí, soy yo.

– Buenas tardes, señor Céspedes. ¿Tiene su ordenador conectado a internet?

Se vé que esta vez trataba con profesionales. La red era infinitamente más limpia y segura que una conexión telefónica.

– Afirmativo, estoy justo delante de el, 10-4. – En aquellas situaciones usaba jerga militar para afianzar su profesionalidad ante los clientes.

– Perfecto. ¿Tiene una conexión rápida?

– Afirmativo – En ese momento pensó que le enviarían fotos y videos de su próximo objetivo, de ahí aquel requerimiento. Se empezaba a impacientar, sabía lo que vendría a continuación… Seguir leyendo “Nunca es tarde si se llega antes: Capítulo 4”